Diario Sur

EL MUNDO DE DONALD TRUMP

La conmoción en muchas ciudades de Estados Unidos continúa estos días: no pocos profesionales urbanitas no acaban de creerse que Donald Trump ha dado la sorpresa en las elecciones y será su próximo presidente. El ganador ha hecho un primer discurso conciliador y a través de la selección de su equipo se verá enseguida qué tipo de políticas realmente va a poner en práctica. Sus promesas electorales son muy ambiguas -recuperar la grandeza del país- o demasiado radicales -levantar un muro con México o la encarcelación de su rival-, y no sirven como base para su acción de gobierno.

En especial preocupa en todo el mundo la falta de concreción de sus planes de política exterior y de defensa y sus alabanzas al proteccionismo económico, en contra de la mejor tradición de Estados Unidos de impulsar la seguridad colectiva y defender los mercados abiertos. Durante la campaña Donald Trump no ha querido contar con un equipo de asesores experimentados en estos temas y ha repetido que su mejor consejero era él mismo. En los debates, los temas internacionales no han sido su fuerte.

Para una Unión Europea asediada por múltiples crisis la irrupción en la Casa Blanca de un soberanista y un populista que desprecia los esfuerzos de crear una gobernanza regional y global es una nueva mala noticia. Si Trump no se rectifica a sí mismo, la negociación en curso del área transatlántica de libre comercio e inversiones no tendrá ningún futuro, a pesar de que los republicanos tradicionales, con mayoría en las dos cámaras, son partidarios de esta gran iniciativa para ambos lados del Atlántico. El futuro presidente tampoco es partidario de los importantes acuerdos de lucha contra el cambio climático que se han conseguido en los últimos años, a los que la UE ha contribuido decisivamente.

Su admiración hacia Vladímir Putin, que ha apoyado su candidatura hasta el final, no significa que no puedan revivirse las tensiones entre los países occidentales y Rusia, cada vez más dispuesta a incrementar su intervención en Siria o presionar a los bálticos. Nadie sabe si la Administración Trump tendrá la capacidad de volver a poner de acuerdo a los europeos para establecer sanciones y otras medidas de contención.

En dos asuntos centrales para la seguridad mundial, la relación con Irán -Trump ha prometido denunciar el acuerdo de desnuclearización de julio de 2015- o la lucha contra el terrorismo yihadista, todo está por escribir. La visión que el futuro presidente ha ofrecido de Latinoamérica es muy negativa, a pesar de que dos tercios de los hispanos en EE UU son de origen mexicano. El Gobierno de China no se había tomado en serio a Trump estos meses. Ahora desde Beijing se advierte con preocupación que la posible escalada del músculo militar norteamericano en la región y el aumento de las barreras comerciales a sus productos, desafiando los tratados existentes, son la receta perfecta para que las dos potencias mundiales acaben colisionando.