Diario Sur

FALSO 9

IR DE COPAS

Cuando los futbolistas se marchan de copas con sus selecciones cunde el pánico en los clubes. De pronto, los elegidos para disputar las eliminatorias de cara al Mundial de Rusia han de cambiar el chip durante unos días y vaciarse por sus respectivos países. Los entrenadores domésticos cruzan los dedos para que sus jugadores regresen a casa sanos y salvos. Ellos saben que la próxima semana hay que afrontar partidos decisivos y no quieren quedarse en cuadro. Luego está el desfase horario de aquellos que viajan más allá del océano para defender los intereses de la selección. Luis Suárez se previno del 'jet lag' y buscó la quinta amarilla en Sevilla para descansar contra el Málaga. Y el defensa del Barcelona Umtiti ha sido el primero en caer en uno de los entrenamientos con Francia y tampoco jugará el próximo partido de Liga en el Camp Nou. Los enfrentamientos internacionales no han hecho más que comenzar y algunos ya regresan malheridos. La dura batalla por alzar la Copa del Mundo y brindar con los suyos.

Los internacionales tienen un doble hogar. Uno en el que pasan la mayor parte del tiempo y otro donde van a rendir honores. Unos padres los cuidan y protegen en los quehaceres de la vida cotidiana mientras que los otros les exigen que den la vida por la gran familia de la nación a la que pertenecen. El fútbol se ha convertido en un referente mundial capaz de eclipsar otras necesidades fundamentales para la supervivencia. Y allá marchan los ejércitos de futbolistas a salvar del desastre a su patria. Durante noventa minutos, lo único importante es la victoria, vencer al enemigo en el terreno de juego; lo otro, las necesidades cotidianas, quedan aplazadas, como si estuvieran en tiempo muerto.