Diario Sur

LA TRIBUNA

Entre la nostalgia y la modernidad

Actualmente parece que el debate y la reflexión sobre la construcción de la ciudad se mueve entre la complejidad contradictoria de la legislación urbanística que con frecuencia se olvida de la realidad de la ciudad, y en consecuencia de las tendencias que genera un cierto puritanismo académico que se rige con principios teóricos muy alejados también de dicha realidad urbana. De esta manera, parece que la modernización (o lo que denominamos 'modernidad') de la ciudad ha quedado reducida exclusivamente al análisis de ese pasado nostálgico, estático y museístico, sin ningún interés por profundizar en el rigor transformador con el que se conformó dicho pasado. Por esta razón, parece que los debates de las intervenciones en la ciudad se han convertido actualmente en continuas nostalgias incapaces de entender cómo se conformó ese pasado, lo cual no deja de ser algo confuso y peligroso para el desarrollo futuro de la ciudad.

Habría que recordar como en el Renacimiento surge un movimiento renovador de la ciudad desde el conocimiento de la antigüedad heredada, teniendo que admitir que no ha habido otro momento histórico en el que no se haya estudiado tanto la antigüedad y al mismo tiempo no se haya intervenido también tanto sobre ella. Esa condición de 'hacer ciudad' va innatamente unida a la acción de transformarla en donde ambos objetivos sintetizan su acción de 'hacer' como intervención, y 'ciudad' como conocimiento y consolidación de su condición urbana a través de esas intervenciones, y en donde el 'conocimiento' sería base de la acción y la 'acción proyectual' la consecuencia de la misma. Habría que reconocer también que no se podrían haber realizado en nuestra ciudad operaciones de tanta importancia para su transformación sin estos criterios tan alejados de los que se proclaman desde dichas posturas nostálgicas conservacionistas. La apertura de la Calle Larios que plantea Joaquín de Rucoba y construye Eduardo Strachan, así como otras muchas intervenciones que han conformado la mejor imagen urbana de nuestra ciudad, obedecen más a los citados criterios renacentistas que al conservacionismo academicista que desde su cómoda posición contempla la ciudad como algo inamovible para no perder su poder científico sobre ella. Y también ocurre con la mejor referencia de Torre de La Equitativa en nuestra ciudad, con su magnífico basamento de Blanco Soler, que incluso actualmente está protegida arquitectónicamente por su adecuada posición respecto al eje de Calle Larios y su referencia visual en el paisaje urbano de la ciudad, a pesar de que tuvo en su momento una importante contestación.

Es evidente que la edificación en altura se conforma como una excepcionalidad que se justifica por el uso y su posición respecto a su entorno urbano y paisajístico. Por ello son desde estas reflexiones en donde se debería introducir el debate de la propuesta de la Torre del Hotel del Puerto, entendiendo esta intervención desde su capacidad en potenciar y consolidar la incorporación del espacio portuario a la ciudad como una nueva 'centralidad' de importantes ofertas comerciales y turísticas ya iniciadas en el Muelle 1 y 2; y por otro lado, si nos referimos a sus impactos visuales, no es menos sorprendente que aun no seamos conscientes de la presencia de las 'torres adosadas' de La Malagueta que conforman el peor y más impresentable perfil del borde marítimo de la ciudad que aparece como la primera imagen urbana que recibe el visitante de cruceros que accede a nuestra ciudad desde el mar, o la ubicación de la propuesta respecto a los grandes elementos portuarios, o su relación con las importantes escalas de los grandes cruceros., sin olvidar lógicamente unas características arquitectónicas cuyos diseños han intentado integrarse de manera sutil, huyendo de grandilocuencias formales, en ese perfil marítimo al que se referencia y justifica su dimensión y escala.

Respecto a los procesos del control administrativo hay que recordar que intervienen todas las administraciones locales, portuaria, y estatales incluyendo el Consejo de Ministros del Gobierno Central, que aportan las suficientes garantías para el control ineludible del mismo como ningún otro proyecto de la ciudad pueda tener. Por otro lado, hablar de otras oportunidades como de un Auditorio sería volver a plantear importantes recursos públicos que creo que no se justificarían por el orden de prioridad que actualmente exige la realidad social de la ciudad, cuyas demandas colectivas exigen justificar de manera también más amplia para evitar los despilfarros de otras épocas limitados a un sector demasiado reducido de la sociedad. Finalmente, el acceso al suelo público a través de Concursos de Concesión temporal del mismo, es un acto reglado que al menos evita la especulación del mismo y garantiza el rigor de que el factor del beneficio privado se supedita exclusivamente al esfuerzo económico de la inversión, recibiendo la administración no sólo el beneficio del suelo sino también de la futura reversión de lo que allí se construya, y ello no deja de ser un procedimiento mucho más transparente que las que requieren calificaciones del suelo privado.