Diario Sur

LA CANDIDATA MÁS PREPARADA

Una de las cosas más extrañas de esta campaña ha sido que competían dos aspirantes con una preparación muy dispar para las tareas de gobierno y que este dato no ha centrado los debates ni ha hecho reflexionar demasiado a los votantes de Trump. Hemos asistido en cambio a un concurso entre dos personalidades muy impopulares, la experta que todo lo sabe contra el falso populista. Sin embargo, nadie merece llegar a la Casa Blanca más que Hillary Clinton. Desde 1988, cuando George Herbert Bush se presentó después de haber sido vicepresidente, director de la CIA, congresista y embajador en Naciones Unidas y en China, no ha habido un candidato presidencial con tanta experiencia de gobierno. La nueva presidenta ha trabajado con su marido Bill Clinton en tareas de gobierno, ha sido una senadora por Nueva York respetada y combativa y ha ejercido como secretaria de Estado con el presidente Obama, una etapa en la que se ha ganado el respeto de la comunidad internacional. Formada en dos de las mejores universidades del país (Wellesley y Yale), cualquiera que la haya oído hablar sobre un asunto doméstico o internacional sabe que conoce a fondo los temas y es articulada y profunda a la hora de abordarlos. Representante del establishment de Washington, le ha tocado enfrentarse a un 'outsider', una celebridad televisiva con un temperamento exaltado y sin control alguno sobre su ego, responsable de numerosos abusos, fraudes y transgresiones y que lo ignora todo sobre las complejidades de los asuntos públicos. Sin plan de campaña ni suficiente equipo sobre el terreno, ha sido un millonario en un avión que improvisaba, no leía discursos y no sentía la necesidad de informarse antes de opinar.

Pero el test decisivo en las votaciones que terminaron ayer puede haber sido la impresionante movilización de votantes conseguida por el aparato demócrata, Estado por Estado. Hillary Clinton ha contado con una avanzada maquinaria local para llevar a su abigarrada coalición a las urnas. Ha estado arropada además por un gran equipo de 'suplentes' (los Obama, Bill Clinton, el vicepresidente Joe Biden, su gran compañero de ticket, Tim Kaine, y cientos de deportistas, actores y cantantes). No ha dado lo mejor de sí misma en la campaña: ha sido demasiado negativa, no ha transmitido bien su programa y sus sueños para su país y no ha sabido defenderse de las acusaciones sobre sus correos y su fundación familiar. Si llega a la Casa Blanca, una vez estén contados todos los votos, su tarea inmensa es unir a un país dividido, civilizar el debate político y hacer realidad lo que dijo en uno de sus últimos mítines, cuando le salió un «todo lo que necesitas es amor», coreado por el público, en contraposición al discurso del miedo y el juicio final de Trump. La primera mujer presidente no lo tendría nada fácil pero es alguien acostumbrado a remar contra corriente, una líder incremental que puede acabar transformándose en una estadista.