Diario Sur

VOLTAJE

La noche americana

Trump no le gusta a nadie, excepto a millones de votantes americanos. La frase, dicha por un veterano congresista, ilustra el extraño sentir europeo ante la posibilidad de que el magnate Donald Trump gane las elecciones en Estados Unidos. Tampoco debería extrañarnos que Trump guste: los americanos que se han sentido traicionados y abandonados por el sistema también se cuentan por millones. El candidato republicano responde a una esperanza desesperada de que las cosas cambien, aunque sea para mal. Ni siquiera las dos legislaturas de un Obama atado de pies y manos por el Congreso han servido para devolverle el sentido a todo un país. Trump responde a esa rabia que proviene de la profunda inconsciencia y sirve para cambiar el protagonista a esa mítica frase referida en su momento a George W. Bush: «Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». La sensación que tienen los norteamericanos de que para ser presidente del gobierno no es necesario ser buena persona es un espaldarazo a su candidatura.

Todos los escándalos por los que ha pasado Trump le han fortalecido gracias en cierta medida a su descaro, a su bravucona sinceridad que le ha convertido en un ídolo del pop. Sus maneras de pequeño dictador hecho a sí mismo despierta cierta admiración, un poso de autenticidad mezclado con el comodín de la guerra al enemigo y la gran promesa de la bajada de impuestos. Los americanos que votan a Trump quieren ser como él. Hillary, por su parte, ha hecho una campaña marcada por un gran escándalo, el de los correos electrónicos, que ha sido suficiente para desacreditarla. Su trayectoria en el Gobierno tampoco ha sido precisamente alabada. De ser la gran candidata de América ha pasado a convertirse en la opción menos mala, en un mal menor, en la señora de la guerra. Ahora muchos consideran que Sanders, el otro candidato, habrá sabido responder a Trump con la mirada más limpia. Nos tememos que ya es tarde para eso.

Esta noche será larga. Los resultados llegarán a partir de la 1 de la madrugada y así, de una costa a otra, se irán sucediendo las respuestas hasta las seis de la mañana. El sistema para diseñar los distritos electorales en Estados Unidos hace que el recuento sea más complicado. Tener más votos no te hace ganar las elecciones. Por eso, pese a que Clinton ha ido siempre por delante en todas las encuestas, Trump sigue teniendo muchas oportunidades. El 'New York Times' calcula que Clinton tiene 700 resultados que le harían llegar a la Casa Blanca, mientras que Trump tiene algo más de 300. Casi todos ellos pasan por un Estado: Florida. Si el republicano gana ahí, Clinton tendrá problemas para ganar, pero aún podría hacerlo. Nos espera una noche frenética, que viviremos con el presentimiento de que pase lo que pase el mundo podría convertirse en un lugar peor para vivir.