Diario Sur

GUADALQUIVIRIA

Bódalo

ME pregunto qué habrá pensado el Papa Francisco al leer la carta de Diego Cañamero dando su versión de la historia de Andrés Bódalo, a quien sustituyó en la lista al Congreso por la que ahora es diputado. Las versiones que llegan de la prisión de Jaén son contradictorias. Por un lado dice el SAT, el sindicato de Bódalo y Cañamero, que ha sido perseguido y vejado, pero no por otros internos, sino por un funcionario de prisiones.

Contestan los sindicatos de los funcionarios, entre ellos UGT y CSIF, que Bódalo no ha sido ni vejado ni perseguido, sino que se muestra como un 'antisistema' en la prisión negándose a cumplir sus reglas y disciplina. Tal cual en su vida política antes del presidio. Para echar más leña al fuego, la secretaria general de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, en plena campaña de las primarias para salir reelegida, vuelve a mencionar a Bódalo como víctima. Su encarcelamiento, afirma, es el «colmo de la persecución a activistas».

Podemos Andalucía hace campaña para conseguir el indulto del sindicalista, recordemos que penado con 3 años y medio de prisión por llevar acumuladas varias sentencias cuando fue condenado por agredir a un teniente de alcalde socialista de Jódar (Jaén) en el interior del ayuntamiento y en el fragor de una protesta.

El caso Bódalo no deja de asombrarme por tanta paradoja como pone de manifiesto. Vaya por delante que cualquier ciudadano tiene derecho a defenderse. También Bódalo. Ahora bien, flaco favor le hacen los dirigentes de su partido haciéndole creer lo que no es cierto. Haciéndole creer que como él es buena persona y se manifiesta en defensa de los más necesitados, sus hechos no tienen consecuencias. Las cárceles están llenas de buenas personas que en un momento determinado cometen errores. Lo suyo, lo de dejarse llevar por la ira, fue sin duda un error bien gordo. ¿Merece cárcel de tres años una persona por golpear a otra? La sentencia posiblemente sea desmedida. El propio agredido está de acuerdo con el indulto.

La ley que permite esa condena puede cambiarse. Para eso Podemos tiene representación en el Congreso de los Diputados, el poder legislativo. Lo paradójico, insisto, es que quienes en su partido defienden el indulto lo hacen desde la protesta en la calle, la pancarta, la huelga de hambre y la carta al Papa. Podemos dirime ese debate ahora en sus asambleas de Madrid y Andalucía: más calle o más instituciones. Un pie en las instituciones y miles de pies en las calles, proclama Teresa Rodríguez. Es lo fácil, lo demagógico, el arte de llegar a tener razón sin que la verdad importe. Los dirigentes de Podemos no le dicen la verdad a Bódalo. Desde la calle no van a conseguirle el indulto.