Diario Sur

Mis notas del Joventut - Unicaja

Fracaso. Un equipo sin propuesta alguna deambuló ayer por la pista de Badalona como alma en pena durante 35 minutos para el olvido. Los cinco restantes sirvieron para neutralizar una ventaja local de 16 puntos con un parcial de 2-22 que no sirvió para cambiar la sensación de proyecto perdido apenas comenzada la temporada. Es duro, pero la realidad choca con la esperanza. Cinco derrotas en diez partidos son suficientes para aventurar un año complicado. Y van unos cuantos. Este Unicaja ha dejado de ilusionar en los albores de noviembre.

Defensa. Es extraño ver a Plaza sin un plan para cambiar la dinámica del choque. Errático en los cambios, con la mirada perdida, parece envuelto en un halo de misticismo que recuerda al de Phill Jackson, el mítico entrenador de los Lakers, aunque sin el aroma de grandeza del estadounidense. El entrenador del Unicaja, parapetado en el banquillo del que apenas se levanta, no sólo no ha inventado el triángulo mágico ofensivo del que hizo carrera el americano. Su equipo hace aguas defensivamente. Y lo peor es que la plantilla confeccionada no invita al optimismo en cuanto al sacrificio para candar el aro.

Equipo. Sin patrón de juego, con excesiva dependencia de Smith, Musli fue el único recurso. Empezó mal y terminó como el más valorado. La constancia de Suárez y la perseverancia de Díaz fueron los únicos destellos de un equipo con dificultades para encontrar un quinteto de garantías.