Diario Sur

INTRUSO DEL NORTE

Larga vida al 'Johnny'

Málaga y Madrid, Madrid y Málaga, siempre han tenido un cable sostenido y sostenible, una relación curiosa entre dos ciudades abiertas al mundo y hoy a tiro de AVE. Eso si se mira a la capital de España desde la Plaza de la Merced, y el obelisco 'da la hora' y da las horas. Eso si se mira a Madrid y al mundo como ejemplo, y no hipotecamos el presente a ver el qué opina Sevilla del 'milagro malagueño'; y disculpe el lector el exabrupto contra el andalucismo y sus tuiteros -si es que existen-, pero es que es impepinable que si salimos de cuatro complejos, el futuro es nuestro. Madrid nos mira con envidia constructiva. Su brújula ya no le tira al Levante, sino al SUR; quizá por cercanía espiritual o porque el castizo es una derivación mesetaria del andaluz. Quién sabe.

Y hoy toca hablar de Málaga y Madrid y de ese amor recíproco que ha dado brillo en los cantes y cantos de ida y vuelta. Por concretar, diremos que fue el Marqués de Salamanca, malagueño, el que le puso gusto y escuadra y cartabón a Madrid. De esa época en la que esta ciudad aún bravía paría prohombres casi que en serie. Siendo así, Madrid, ciudad hermana de Málaga, guarda canales invisibles y eternos con el que debe ser su puerto natural. Bien ha contado este periódico la implantación del 'campero' en la capital con éxito de crítica y publico, o ese bajarse a Torremolinos y no a Torrevieja de todo madriles, quizá asustado por las fantasmadas valencianistas de Compromís. Madrid ama a Málaga, y así en el mítico callejón del Gato, por poner un ejemplo, hay un azulejo gigante que es una vista de Málaga desde el Monte Sancha.

De la fructífera relación Málaga y Madrid hubo y habrá un referente medio neoyorquino: el 'Johnny'. En los tiempos oscuros, el 'San Juan Evangelista' era el faro marítimo en seco, el oráculo pajillero de la Cultura. Jazz y flamenco, estudiantinas culturizándose en los desmontes de la Ciudad Universitaria: donde hirieron mortalmente a Durruti. La Cultura que se iba haciendo a pesar de la España gris. El 'Johnny' era aquel surtidor de modernidad donde los malagueños fueron a enamorarse de las 'muyayas' canarias sin posibles en un concierto, quizá, de Camarón. El último.

Por allí se han escrito las mejores prosas universitarias, que ni eran prosas ni universitarias, pero andábamos enamoriscados de la pudiente antequerana, y todo olía a cancionero de la tuna. Y el Johnny resucita, como bien contó este periódico: «Complutense y Unicaja rubrican el acuerdo que desbloquea el futuro de 'El Johnny'». Por sus pasillos y escaleras se guarda la memoria de tantos que pasaron por allí, del estudiante disperso al becado, de Camarón de la Isla al bedel. Y mucho jazz cuando un kilómetro más abajo la historia iba de tacones y jeringuilllas. Ahí, en el 'San Juan Evangelista', anda la historia reciente sentimental de mucha muchachada de España y de Málaga; en el quinto pino de los primeros desmontes de Madrid, aunque 'el Johnny' no tenga ya pérdida.