Diario Sur

LA CIUDAD INVISIBLE

DESDE LA RED

A finales de diciembre de 2013 escribí un artículo para la web de la asociación Marbella Activa bajo el título 'Mayoría de edad' en el que reflexionaba sobre la emancipación urbana y social que sentía se estaba produciendo en Marbella tras años de apatía ciudadana: «el creciente activismo cívico-social que están demostrando los nuevos colectivos, asociaciones y plataformas ciudadanas en defensa de nuestro patrimonio histórico y medioambiental, de nuestros valores socio-culturales así como de un futuro económico basado en la sostenibilidad social y económica. Marbella ya no volverá a ser manipulada ni maltratada por falsos salvadores .». Según una descripción que expone el ilustre Vargas Llosa en un artículo reciente - 'El ciudadano rabioso' -, estaríamos hablando de esos movimientos más éticos que políticos y enormemente positivos.

Solo han pasado tres intensos años desde mi reflexión, y siento decir que, desde mi punto de vista, no hemos sabido mantener el pulso -salvo alguna grata excepción como es la propia Marbella Activa-. El análisis de los motivos son difíciles de dilucidar aunque el que más puede doler es el de que somos una sociedad conformista. En cuanto ha mejorado ligeramente la economía ya dejamos de lado el futuro y nos centramos en nosotros mismos; volvemos al círculo vicioso de las curvas cíclicas económicas con los ojos vendados.

Sin embargo, se está produciendo el efecto contrario en las ya omnipresentes redes sociales. Cada vez surgen más grupos de denuncia ciudadana que, ojo avizor, alertan de todo lo que se encuentran de anómalo en sus rutinas diarias. En muchos casos bien justificados y razonados, pero en otros con poco análisis y falta de rigor, generando confusión y malestar. O los que siguen consignas políticas buscando el enfrentamiento distorsionando de la realidad.

No podemos negar los efectos positivos de las redes sociales, (así como tampoco los negativos que toda innovación tecnológica trae siempre consigo en cuanto a retrocesos paralelos). Entre ellos su gran poder de alcance social, interconectando a mucha gente y permitiendo «debates» online. (¿Cuántos malentendidos y situaciones incómodas han provocado estos minidebates, en caliente y sin la necesaria expresión corporal del cara a cara?).

Marbella necesita recuperar el empuje social que me llevó a pensar que estábamos alcanzando la mayoría de edad ciudadana, volviendo a los debates públicos, a las charlas y encuentros en los que plantear de cara los problemas reales de nuestra ciudad. Transmitir a nuestros dirigentes políticos, gobernantes y oposición, que Marbella quiere modernidad, valentía en las acciones y decisiones firmes. Dejarse de ambigüedades y de anuncios, ver realidades en la financiación pública que permita realizar las infraestructuras y reformas urbanas deficitarias así como desarrollar el modelo de ciudad que contempla nuestro Plan Estratégico.

La verdad es que Marbella vive siempre en ese equilibrio imposible entre lo que piensan unos y otros sobre el modelo de ciudad hacia el que dirigirnos. En esta situación es imprescindible contar con esa red de seguridad que aportamos los ciudadanos desde una actitud participativa y de crítica constructiva. Tenemos que salir de nuestro conformismo hereditario.