Diario Sur

VIENEN CURVAS

La cultura del alcohol

El viernes una niña de 12 años murió tras sufrir un coma etílico en un botellón de la noche de Halloween. Si hechos como ese no hacen saltar todas las alarmas sobre el consumo de alcohol por parte de menores no sé qué puede hacerlo. Ocurrió en Madrid, pero podría haber sucedido en cualquier sitio. De hecho, la niña ya había sido trasladada por la policía a su casa dos veces en estado ebrio.

El cóctel adolescentes y alcohol nos lo hemos planteado casi como si fuera más que nada un asunto de ruido y suciedad. Beber en la calle está prohibido y vender alcohol a menores también, así que eso nos deja la conciencia tranquila. Algo así como: mientras no molesten, no está muy mal visto públicamente que beban algo, sólo es cuestión de que se moderen y se vayan controlando un poco. Lo más peligroso es que al final el mensaje que transmitimos es que está prohibido, pero como van a beber, que lo hagan sin armar mucho jaleo y sin ensuciar, que ya nos encargamos de mirar para otro lado.

El problema de fondo es mucho más complejo de lo que parece y no se resuelve simplemente organizando actividades como alterna la movida, que son fantásticas. Ojalá fuera tan fácil.

En España hay una cultura del alcohol que hace que beber no se vea como algo malo, sino lo contrario. Y, a pesar de las prohibiciones, eso es lo que les llega a los menores. Algo parecido a lo que pasaba con el tabaco en los 80 y 90. Se sabía que era nocivo, pero si todo el mundo fumaba tampoco sería tan horrible. Puede que ahora hayamos olvidado el «auténtico drama» que supuso prohibir fumar en los centros de trabajo. Y no hablemos de la prohibición en los bares, que parecía que se iba a acabar el mundo. Pues bien, no ha pasado nada de eso. Al revés, hasta hay quien ha visto en esa crisis una oportunidad y en parte a raíz de eso han desarrollado una red de terrazas inimaginable hace unos años.

Como cada vez empiezan a beber antes, algunos pasan casi directamente de salir con sus padres a irse de botellón, sin apenas transición. Desde hace varios años es habitual encontrar noticias sobre el aumento de comas etílicos en menores de 14 años y algunos más precoces aún.

El protocolo en Málaga consiste en que la Policía Local envía cartas alertando a las familias de la situación en la que los han encontrado, les multan por consumir alcohol en la calle y en los casos más graves se envía un escrito a la Fiscalía. También se les facilita a los padres la posibilidad de contactar con los agentes para obtener más información, pero muy pocos llaman.

Se les pueden dar muchos consejos, pero en España no hay una celebración sin alcohol. Lo hacen casi todos los adultos, incluidos sus padres y sus abuelos, y están bien, incluso algún día un pelín eufóricos. Y al final ellos hacen lo que ven.