Diario Sur

La oportunidad hoy

Tan solo hace una semana que se fue Sánchez y parece haber pasado un siglo. La rabiosa actualidad política es un agente devorador de todo lo que se le pone por delante y deja a un lado según qué, haciéndolo olvidar a las primeras de cambio. Situado el nuevo Gobierno en el centro de la noticia, hasta Espinar y sus inversiones parecen cosa de otros tiempos.

Una legislatura larga, mediana o corta, nos contempla. Los datos económicos y de empleo se disponen a animar el futuro inmediato, aunque nadie duda de que la economía y la U.E. aún nos exigirán mucho. Necesitamos que los crecimientos de uno y otro se muevan en progresión geométrica para acercar definitivamente la meta.

Lo cierto es que de repente se han despejado muchas de las incógnitas que teníamos planteadas, vuelve la tranquilidad al PSOE, no hay terceras elecciones y el Gobierno ha salido andando con algunos cambios; eso sí, ni muchos ni pocos.

De entre los pactos pendientes, el de la educación, el toque constitucional, el acuerdo presupuestario, el de regeneración democrática frente a la corrupción o hasta el modelo de contratación laboral, se alza uno sin tipificar: la estabilidad social, económica y ciudadana. Con la llegada de la añorada rutina, cabe pensar que la creación de puestos de trabajo y los crecimientos económicos pueden acrecentarse de manera exponencial.

Es hora de traer los grandes impulsos, de los que hemos carecido casi durante un año, en las grandes, pequeñas y medianas infraestructuras. Completar el ambicioso proyecto de líneas de alta velocidad, abordar con seriedad la urgencia del Corredor Mediterráneo y un pacto definitivo por el agua mediante un plan hidrológico nacional cuya acción y características podamos compartir mayoritariamente. De este modo, garantizando el abastecimiento del líquido elemento a lo largo y ancho del país, podremos respaldar de modo certero nuestra pujante agricultura y atender con visos de futuro el espectacular, vital y creciente modelo turístico de España.

En los próximos años, nuestro país está llamado a ser no sólo destino natural de visitantes, sino residencia permanente de cada vez más ciudadanos europeos, así como una de las más importantes despensas de la U.E. Para ello, la agricultura habrá de convertirse en sector estratégico -aún más- de nuestro tejido económico. A mayor capacidad de producción, mayor empleo. Es cierto que es la Unión Europea la directora de la política agraria y que la PAC vigente de turno y los famosos cupos limitan nuestra capacidad de acción, pero también lo es que nuestras posibilidades en frutas, hortalizas y verduras, así como en productos tropicales, todavía están debajo de nuestra capacidad. Probablemente ese sea nuestro fuerte más inmediato y hemos de profundizar en la dimensión que puede llegar a alcanzar. Los mercados de demanda están expectantes.

En materia de nuevas tecnologías, del casi tópico I+D+I, una política realista será hacerlo girar en torno a los sectores ya consolidados, con una especial mención al del automóvil. Somos la undécima potencia en publicaciones científicas. No estamos lejos de alcanzar los puestos que deben correspondernos en éste como en el resto de conciertos.

Atrás deben quedar las discusiones acerca de la productividad patria, tan llevada y traída y sin probar su insuficiencia. Recuperar el huso horario del meridiano de Greenwich e implementar medidas de conciliación familiar y laboral mediante la impulsión de horarios más racionales debe contar con unas políticas decididas para mejorar nuestra calidad de vida.

En políticas sociales, con unos presupuestos que superan -uno tras otro- el 63% de su montante, sólo cabe atinar cada vez más, mejorar su gestión y trabajar con inteligencia y acierto en la cacareada incógnita acerca de nuestro modelo de pensiones y su viabilidad. Hasta aquí, unos y otros hemos prorrogado y aplazado el problema, es seguro que existen soluciones hasta ahora no exploradas, dejando a un lado la cerrazón y algunas líneas rojas. Conseguir una solución a medio o largo plazo sería un paso de gigante para nuestra joven democracia y sus ya probados y exitosos equilibrios.

Son tiempos de pacto y consenso, siempre se dice que lo son, pero ahora si no se llevan a cabo, no podrá darse ni un paso. Para variar, lo de hoy puede convertirse en una auténtica oportunidad. La oportunidad de España.