Diario Sur

SIN IR MÁS LEJOS

Un ministro analógico

Hay trenes que pasan más de una vezy seguimos sin coger. El baile de caras del nuevo Gobierno deja una agenda demasiado previsible sin concesiones a la ilusión. Un ministerio de Turismo hubiera traído alguna en el año en que se baten todos los récords. En ese 11 por ciento del PIB nacional, la agenda europea deja hacer e incluso a Merkel le gusta desconectar en Canarias. De nuevo el turismo queda en el altillo gubernamental junto a energía y la llamada agenda digital, al menos un guiño que deja atrás las cuencas mineras y mira al turismo inteligente, aunque Nadal no tenga twitter. De nuevo vamos a tener un secretario/a de Estado de la cosa junto a un superministro al que identificaremos más con el precio del kilovatio, la factura de la luz y la guerra de las renovables que con los 70 millones de extranjeros que nos visitan. El ministro de energía volverá a serlo de nuestra principal industria, pero solo en la segunda línea de la tarjeta, un señor al que después de escucharle hablar de centrales de ciclo combinado o de nucleares resulta poco convincente verlo como vendedor turístico. Mejor nos iría alguien vendiendo nuestro sólido futuro de sol y playa como la energía que de verdad calienta la economía. Necesitamos un buen vendedor de España, pero Rajoy ofrece sólo un brillante cabeza de huevo en la cocina económica del gobierno con la agenda a reventar. Nadal no puede vendernos bien como agregado autonómico universal de sangría y paella que permite probar otros ingredientes de éxito. Nos quedamos en el 'España es diferente' como si en Arabia Saudí el petróleo quedara en manos de un subsecretario ocupado en los dátiles y la cría camellar. Al turismo se le pueden buscar herramientas de primera que no tienen por qué ser un ministerio. Francia, la primera potencia mundial, puso al sector bajo el paraguas blindado de Asuntos Exteriores, para saber por dónde se mueve el mundo y sobre todo los futuros turistas de ojos rasgados. Claro que es el país de Carla Bruni, que bajaba del avión como escaparate andante de la moda y la alta perfumería. Y esas cosas sí son industrias apropiadas para unirlas al ocio viajero. Lo nuestro seguirá siendo, a Dios gracias, Amancio Ortega convertido en campeón de Forbes, primera dama con boina y con Inditex como la gran bandera española por el mundo. En Italia le ponen arte. El Ministero dei Beni e delle Atività Culturali e del Turismo mima desde hace más de 40 años el inmenso patrimonio como el gran talismán. Nosotros, los segundos en bienes patrimonio de la humanidad, andamos con cicatería menos en el nombres: Ministerio de Información y Turismo, de Transportes, Turismo y Telecomunicaciones, de Industria, Comercio y Turismo, y ahora, Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Así llevamos 50 años. Nos hubiera bastado un ministro, aunque sea analógico, dispuesto sólo a hacer turismo patriótico de negocios.