Diario Sur

EL EXTRANJERO

Asamblea

Visto en Google Maps es un cuadrado parduzco. Visto a ras del suelo es un inmenso descampado cubierto de matojos -eso que Umbral llamaba la polvaranca-, un erial al lado de una de las zonas de mayor densidad de población de Andalucía y posiblemente de España. En la memoria, los terrenos de Repsol aparecen como una especie de alucinación, unos inmensos depósitos blanquecinos llenos de combustible en medio de la ciudad, dispuestos para el desastre. En el terreno político, el descampado es un conflicto. Un dilema que el Ayuntamiento se empeña en enmarañar practicando un juego de birlibirloque con una hipotética consulta popular. El PP abandonando su corsé y volviéndose repentinamente asambleario. Repentina y fugazmente. Porque la consulta ya se ve inviable. Resulta cara y además el equipo de gobierno tiene unos informes que desaconsejan la votación, pues prevén que la tendencia bucólica de la población optaría por el bosque urbano y pondría en riesgo la posibilidad de levantar allí unas torres.

El alcalde recuerda la oportunidad que esos edificios supondrían para la ciudad. ¿Cuando eran partidarios de realizar la consulta no existía esa gran oportunidad? La izquierda se ha quedado desconsolada. Para una parte de ella se pierde la ocasión de dotar esa zona de un área verde que alivie a los vecinos de la congestión en la que viven. A otra parte de la izquierda se le priva del caramelo de la asamblea, la calle, la gente, la democracia auténtica. «Estamos perdiendo la oportunidad de salvar al mundo», se lamenta la portavoz de Málaga Ahora en medio de una efusión más propia de Aurora Bautista haciendo de Agustina de Aragón con unas décimas de fiebre que de una concejal de la oposición.

En cualquier caso, el embrollo, con la complicidad de Ciudadanos, lo ha creado el PP jugando primero a ser lo que no es y luego volviendo bruscamente a su verdadero ser. Aunque al errático y errante Sánchez ahora le duela, los populismos están en alza y la participación directa en boga. Lo que debería ser excepcional quiere convertirse en cotidiano. El alcalde ya jugó con ese fuego para solucionar otro barullo, el metro en Eugenio Gross, y hay quien lo reclama para batallar por la pensión La Mundial. Referéndum para cambiar una farola o decretar la paz inmediata en Oriente Medio. Aquella canción del grupo vasco Kortatu vuelve a estar de moda: «La asamblea de majaras/ se ha reunido./ La asamblea de majaras/ ha decidido:/ mañana sol/ y buen tiempo». La democracia no es mejor ni más sólida votando hasta la extenuación sino siendo más transparente. En este caso, si los informes que tiene el equipo de gobierno son tan rotundos como para convertir la polvaranca en unos edificios y no en un pulmón verde se los deberían mostrar a los grupos de la oposición. Sin amaños ni trampantojos. No tomándolos de antemano por unos descerebrados eternamente partidarios de la novela pastoril e incapaces de tomar decisiones prácticas por sí mismos y sin necesidad de convocar a la asamblea.