Diario Sur

CITA EN EL SUR

La bufanda

En Bilbao o Santiago no pueden permitírselo, pero aquí si llueve nos quedamos en casa; donde hace más frío que en la calle. Se bloquea el tráfico, nos dejamos los paraguas en las esquinas de cafeterías acogedoras, miramos al cielo como si nos jugásemos la cosecha, que nos la jugamos. Anunció Rajoy Brey la composición de su nuevo Gobierno y las nubes cubrieron el cielo. Leímos los nombres y cayeron las primeras gotas. A partir de mañana llegará el frío. Diez grados menos y permaneceremos paralizados ante el armario buscando prendas de abrigo. No tenemos Ministerio de Cultura ni bufanda. Zoido es ministro y Málaga se ha llenado de moscas. Dicen los entendidos que esta es la época dorada de las moscas, aunque hay más de la cuenta. Pero no harán falta especialistas de Huelva para tocarles los huevos, como ocurrió con el mosquito cebra, que anida en los márgenes del río. Los expertos universitarios buscaban los huevos para eliminarlos, mientras la población sin complejos fotografiaba las picaduras y alrededores. Otros especialistas desaconsejan destruir los nidos de las cotorras porque construirían más en seguida. Un techo.

A Espinar, senador de Podemos, le afean que obtuviese dinero de la venta de una vivienda protegida. Espinar y Espinosa se han convertido en una diana para Podemos. Es lo que tiene meter el dedo en el ojo ajeno, que a la menor oportunidad introducen manos enteras en el tuyo. Se defienden criticando lo poco que trascendió la venta de viviendas protegidas a un fondo buitre por el gobierno de Ana Botella. Tienen razón, pero no es un argumento. Sí nos ocupamos de Ana Botella cuando la escuchamos hablar un inglés mejor que el de la mayoría de nosotros, pero es que somos tan graciosos, tan propensos a la gracia poco elaborada. Sin embargo, que jugase a las casitas con casi dos mil viviendas alquiladas a familias sin recursos pasó por alto. El fondo buitre se llama Blackstone, Piedra Negra. Apenas una china en el zapato y en cambio el 'café au lait' (olé) mira tú que risa.

La cantidad que justifica malamente Espinosa es tan ridícula como su justificación, y la que se embolsó Espinar un poco menos ridícula pero nada comparado con las cantidades que se manejan en el mercado alternativo. Pero la cosa es esa, jugar en el mercado alternativo. Dice Iglesias que Espinar hizo lo que hacía todo el mundo. Bueno, Iglesias, no todo el mundo. A lo mejor en Madrid se llevaba comprarse casa a los veintiuno (¿y venderla?), aquí los que malpodíamos compartíamos vivienda. Y qué argumento es ese, propio de la casta y de la caspa. Pero muchos lo hicieron. Tantos que hubo que cambiar las reglas del juego. Se daba la señal de un piso y se vendía a los tres meses por unos miles de euros más. ¿Legal? Pues sí, hasta que dejó de serlo. Pero feo. Con las casitas no se juega. Ni con el pan ni con la luz ni con el cole ni con las prótesis mamarias ni con las horas extras ni con el salario de los trabajadores. Juguemos con las moscas. Y con la ropa de abrigo, que juega con nosotros al escondite.