Diario Sur

LA ROTONDA

Un partido de luto

Con el alma en vilo y el corazón encogido, los socialistas andan de taller en taller en busca de reparación moral e ideológica. El desaliento supura por cada poro del cuerpo. Un tiempo entre zurcidos es lo que le espera al PSOE en los próximos meses, en los que no dispondrá ni de agua para franquear la travesía en el desierto hasta el próximo Congreso Federal en el que debe elegir al líder que se erija en garante de volver a conducir al partido hacia la alternativa de gobierno perdida entre rotos y malentendidos, entre broncas y personalismos, entre ambiciones desmedidas y escasez de altura de miras. Una lucha intestina a cara de perro y con luz y taquígrafos que arrojó hedor en otro sábado para el olvido. Para siempre un día maldito.

Si Susana Díaz habló hace un tiempo de coser el partido, se equivocó al emplear el verbo; son más que puntadas, ya que más bien lo que tienen que hacer los dirigentes socialistas es zurcir su militancia y su base de votantes que le ha convertido en el partido que más ha gobernado este país en los últimos cuarenta años. Según la definición de la Real Academia de la Lengua, zurcir es «coser la rotura de una tela, juntando los pedazos con puntadas o pasos ordenados, de modo que la unión resulte disimulada», perfecto aserto de lo que ha ocurrido en las últimas semanas.

Son muchos los socialistas de base dolidos con la situación actual del PSOE, con la deriva en los últimos tiempos a raíz de la aparición de Podemos. En los dos años de Pedro Sánchez si algo podía ir mal iba a peor, y ahí están sus pésimos resultados electorales y la caída en el censo de afiliados, que registra más de 24.000 bajas en su periodo como secretario general. Sin embargo, también son numerosos los socialistas contrariados por cómo se produjo su cese y que desembocó en la abstención en la investidura de Rajoy. Si había tres vías, concluyen, se escogió la que más fractura produjo entre la militancia, la más dolorosa, ya que se podía haber optado por buscar una abstención con más contraprestaciones tras las primeras elecciones (era la oportunidad de exhibir orgullo para cambiar la forma de gobernar de Rajoy, arguyen) o haber provocado unas terceras elecciones en las que las encuestas aventuraban que el PP y Ciudadanos podrían alcanzar juntos la mayoría absoluta, y así haberse ahorrado la fatídica sesión en el Congreso de ese sábado negro que pasará a la historia de unas siglas centenarias. Otra vez en sábado.

Desde entonces, en la ribera izquierda del mundo, la vida es más taciturna. La sangre brota más licuada, menos roja, decolorada. La angustia interior se hace insoportable. Se llama luto, y hay que pasarlo. El PSOE anda de duelo.