Diario Sur

LA TRIBUNA

El 'niet' ruso y la herencia de Obama

¿Está dictando Rusia la política a medio y a largo plazo en el Medio Oriente? El pasado 9 de octubre saltaba la noticia: Rusia veta en el Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto de resolución con el objetivo de un alto el fuego temporal para hacer posible la llegada de la ayuda humanitaria a la población de la ciudad siria de Alepo, cuya población está siendo masacrada, así como la oposición democrática al régimen de Al Asad, con la excusa de «vencer al imperio del terrorismo yihadista». Al veto de Rusia se ha unido el no de Venezuela con la abstención de China y de Angola. El resto de países miembros del Consejo de Seguridad -entre ellos, España, Francia, Estados Unidos, el Reino Unido...- han apoyado dicho proyecto de resolución.

Este 'niet' de Rusia confirma varias hipótesis: que estamos en una nueva guerra fría entre grandes potencias; que Rusia llegó al Medio Oriente para permanecer como superpotencia decisoria y no marcharse; que la base naval que Rusia posee en la costa siria es un elemento estratégico del dispositivo militar ruso, no sólo mirando al Mediterráneo, sino sobre todo a Crimea, Ucrania y a todo el Medio Oriente y países fronterizos. Rusia sabe que es una zona en donde el petróleo abunda y por ella transita, lo que complementaría sus grandes reservas de gas y controlaría una temible arma de presión económica.

Rusia está modificando sustancialmente las alianzas en esa región con su principal aliado: Irán. En este complejo ajedrez está en juego la carrera de armamentos y la industria nuclear. Rusia manda en Siria y desde ahí va desplegando una nueva área de influencia.

En Irak -territorio reservado a la influencia de los Estados Unidos y algunos de sus aliados-, 25.000 soldados iraquíes y kurdos, con cobertura aérea de los USA, han comenzado la 'toma de Mosul', la segunda capital del autodenominado Estado Islámico (Daesh). Se calcula en Mosul una población civil de un millón y medio de habitantes. Desde allí llegan noticias de una huida de parte de esa población civil. ¿Hacia dónde? La ofensiva para liberar Mosul tendrá como consecuencia inmediata una nueva ola, muy importante en número, de nuevos 'refugiados', entre los que se encontrará un importante número de 'cuadros' de Daesh que irán no sólo a Raka, en Siria, que es en donde se encuentra la verdadera 'capital' y la dirección ideológica y militar de Daesh. Una parte importante de los habitantes de Mosul será retenida, como 'escudos humanos', por Daesh. En perspectiva, nueva gran catástrofe humanitaria.

Una doble ofensiva en dos territorios vecinos y sin coordinación: la rusa en Siria, protegiendo al régimen de Al Asad, y apoyada fundamentalmente en tropas chiíes proiraníes y en el ejército regular sirio, y la americana y sus aliados contra Mosul, apoyada en el ejército iraquí (también de mayoria chiíe) en recomposición, y milicias kurdas. ¿Qué hay detrás de estos teatros de operaciones de guerras internacionalizadas?

¿Por qué Rusia y el régimen de Al Asad, en lugar de intentar liquidar a la 'oposición democrática' y destruir a Alepo con bombardeos sistemáticos, no ha sido capaz de movilizar una insurgencia e ir a la conquista de Raka, de donde parte el diseño de las acciones del terrorismo yihadista de Daesh, mayoritariamente suníes?

La ofensiva para conquistar Mosul con tropas en su mayoría chiíes y kurdas, de una parte, y los sistemáticos bombadeos rusos y de la aviación de Al Asad, apoyados en una alianza estratégica con Irán y con las poblaciones chiíes, están profundizando aún más las líneas divisorias entre las poblaciones árabes del Medio Oriente. Para extirpar de raíz el terrorismo yihadista, al menos en la región, la única alternativa es una gran coalición de países, hoy enemigos, como lo son Arabia Saudita, Irán y Turquía, con el apoyo de una coalición internacional en donde Estados Unidos, Rusia, Francia y el Reino Unido se coordinen en una alianza táctica contra un enemigo común: Daesh. El reciente veto, 'niet', de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU sustenta la tesis de que estamos en guerra fría, cuyo final es imprevisible.

Es previsible sin embargo que centenares de 'cuadros' de Daesh huyan hacia Europa o hacia Libia-Magreb árabe, se reorganicen y tengan como objetivos del terror a países europeos o a países árabes que consideran «traidores al Islam y sacrílegos». ¿Busca Rusia debilitar y dividir aún más a Europa para llevar a cabo una política expansionista de gran envergadura, mientras que Estados Unidos mira prioritariamente al Extremo Oriente? Es una hipótesis razonable a la vista de los acontecimientos.

La 'toma de Mosul' podrá durar meses con costes altísimos en vidas. Es una de las más complicadas herencias con las que se encontrará la próxima presidencia de Estados Unidos. El retorno a la Guerra Fría, tras el 'niet' de Rusia en la ONU, es una realidad. Y el de la conquista de nuevas zonas de influencia, también.

Rusia retornó a la carrera armamentística. Ha lanzado unos cuarenta misiles contra objetivos en Siria desde el mar Caspio, sobrevolando dos países. Esto ha sorprendido a los servicios de Inteligencia americanos. Una nueva generación de misiles intercontinentales está naciendo en las fábricas rusas, entre ellos el R-36M2, conocido en Occidente como 'Satán I'. Y se especula con un tipo de misil ('Satán II') que podría alcanzar objetivos a 11.000 kilómetros, con cargas nucleares de cinco toneladas que haría desaparecer todo un territorio equivalente a Francia. Uno de los objetivos inmediatos de Rusia es demostrar que ha superado en armamento nuclear a los Estados Unidos. El panorama es de altísima gravedad como en los peores tiempos de la Guerra Fría. ¿Por qué dejar 'para el final' la ofensiva, en Siria, contra la ciudad de Raka, la base estratégica de Daesh? Política de tierra quemada antes de llegar a Raka una vez liquidada la insurgencia democrática. Nadie puede imaginar el final de estas dos guerras, ni sus repercusiones en un futuro mapa de Oriente Medio y en Europa. El mismo secretario general de la OTAN ha afirmado que la situación actual es «desestabilizadora» y «peligrosa».

«Cuarta guerra mundial fragmentalizada», afirmó con contundencia el Papa Francisco.