Diario Sur

FALSO 9

ESTADO DE ÁNIMO

El fútbol es un estado de ánimo. Lo vimos en los partidos de Champions. El Barcelona realizó una primera parte soberbia hasta encajar el gol del empate. A partir de entonces se sumergió en el desánimo. Nada le salía al equipo de Luis Enrique. El Manchester City aprovechó el desvanecimiento del conjunto azulgrana y renació de las cenizas. Un conjunto de once hombres que se vinieron abajo tras recibir el primer gol y no volvieron a levantar cabeza. ¿Cómo pudieron experimentar un cambio tan brusco tanto el Barça como el City? El ánimo, la seguridad en sí mismos, el estado de gracia catapultó a un equipo que parecía hundido. La fe mueve montañas. La atalaya del fútbol dio un giro de ciento ochenta grados y dejó tocado al Barcelona, con la moral por los suelos, sin avistar la portería contraria.

Al día siguiente, el Real Madrid viajó a Varsovia para enfrentarse al Legia en un estadio vacío. Lo que se presentaba como un trabajo sencillo, un viaje de recreo, se convirtió en una pesadilla. Fue como si los jugadores del Legia encontraran la serenidad en un terreno de juego apacible, sin gritos ni altercados, sin bengalas. El Madrid tuvo el partido de cara desde el primer minuto de juego. Un gol, luego otro, era como estar jugando un encuentro amistoso, o más sencillo todavía, aquello era un partidillo de entrenamiento. Como jugar en casa titulares contra reservas. Entonces marcó el Legia, y volvió a marcar y marcó de nuevo para dar la vuelta al encuentro amistoso. La atalaya, otra vez. Mientras esto ocurría en Manchester y Varsovia, en Madrid y Sevilla vencían los locales. El Sevilla, con un estado de ánimo y juego portentosos. El Atlético, con el premio de los que confían en el triunfo hasta el último suspiro.