Diario Sur

Una oportunidad para una ciudad más democrática

En el artículo 'El parque de Repsol, una oportunidad ¿pérdida?', de Miguel Braun, publicado en este periódico el 18 de octubre, se critica con acritud la iniciativa ciudadana Bosque Urbano de Málaga (BUM). En respuesta a dicho artículo la defendemos como un acontecimiento genuinamente democrático, surgido e impulsado «desde abajo», donde nadie tiene privilegios, y menos los profesionales. Queremos proponer un debate sereno al que ojalá se sumen otras opiniones.

Aquí nos centraremos en lo que creemos tiene mayor relevancia, sin enzarzarnos en discusiones estériles con quien usa argumentos tramposos y nos tilda de «demagogos y de hacer de la hipocresía un valor social». Tampoco comentaremos ahora muchos lugares comunes en dicho artículo, típicos de una forma de hacer ciudad que no compartimos.

Se nos insta a «conocer la ciudad y saber de qué carece». Pero al Ayuntamiento y los promotores de las torres ¿les interesa la ciudad existente, en concreto la contigua a este lugar?, ¿saben del gran déficit de zonas verdes en esta parte de la ciudad?, ¿conocen la vida y la opinión de sus habitantes, de lo que quieren en el gran terreno antes ocupado por ominosos depósitos de combustible, del deseo que renació con la idea, en absoluto infantil, del Bosque Urbano?, ¿por qué estos habitantes la prefieren a un parque de la mitad de su tamaño aunque tenga «lago, escenarios, skatepark, juegos infantiles...» (como si estas cosas no pudieran estar en el BUM, o algunas también en otras partes de las barriadas próximas)?

Fundamental es que BUM debe definirse con la participación de sus usuarios. Un bosque necesita, efectivamente, duración para su desarrollo; y en ese proceso la ciudad también deberá madurar. No es un simulacro de la naturaleza, sino un ensayo de alianza entre la ciudad y la naturaleza (y precedido por experiencias parecidas en muchos otros lugares).

Más un proceso de gestión cuidadosa y a pequeña escala que gran proyecto que impone desde arriba una imagen finalista y exhaustiva. Y por tanto dotado de mecanismos de discusión y decisión por parte de la ciudadanía que lo desarrolla y lo vive. No hay rechazo al Ayuntamiento, pero sí necesidad de un cambio importante en su articulación con el cuerpo social de la ciudad.

Con esto no despreciamos el trabajo del personal técnico que durante tantos años se ha esforzado en lograr un diseño urbano de calidad encajando a posteriori la brutal edificabilidad que en su momento se decidió para el Parque Repsol, para lanzar un negocio inmobiliario público-privado que ha resultado ruinoso, en pos de algo que la ciudad no necesita (dejamos para venideros artículos argumentar sobre esto y más cosas). Si no reparamos en los detalles del proyecto municipal es porque el quid de la cuestión se sitúa en un nivel de decisión más básico y general que BUM ha tenido la virtud de suscitar.

No queremos dejar de responder, brevemente, al socorrido y demagógico (lo decimos intencionadamente) argumento de la creación de «miles de puestos de trabajo». Si les preocupa tanto el escandaloso nivel de paro en Málaga (es cierto, no estamos tan bien como Braun sostiene, ufano, al principio de su artículo), lo mejor que podrían hacer los agentes privados y públicos es invertir en otros sectores económicos diferentes de la construcción y el turismo, caracterizados por la precariedad y baja calidad de empleos, con nulas posibilidades de mejoras laborales.

Muy rápidamente repasamos otros temas. Braun habla de «130,000 m² de zonas verdes cedidos al Ayuntamiento», ¿cómo se hacen estas cuentas?, ¿no es ya del Ayuntamiento 2/3 de los suelos de la inmobiliaria Comarex? El mantenimiento de un parque convencional como el que propone Braun es mucho más caro que el del «bosque». No hay peligro para el mercadillo de Huelin, segurísimo que ningún vecino (o colaborador externo) que lo apoya y participa se olvidará de asegurar su continuidad. Braun nos pregunta por el bulevar: admitimos que nos interesa poco, entre otras razones porque no podrá engancharse a la autovía de la ronda (lo dice el ministerio) ni llegar a la estación (lo dice el PGOU), también porque creemos que la era del automóvil ya declina y porque preferimos destinar superficie a la zona verde en vez de a viales. Y finalmente una cuestión crucial: solo el 30% de las viviendas de esta gran inversión serán de «protección oficial», que con toda seguridad serán adquiridas por personas de clase media, por tanto no son viviendas sociales destinadas a la población más necesitada. De esta y otras características de la promoción estimamos que muy probablemente subirán los precios del suelo en los barrios aledaños, que serán colonizados por parte de negocios inmobiliarios, provocando la expulsión de sus habitantes con menos recursos (gentrificación: regeneración urbana echando a la gente).

* José María Romero, Fernando Ramos y Rubén Mora, también arquitectos, suscriben este artículo