Diario Sur

Lo nuevo

La novedad casi siempre funciona como reclamo, también en materia electoral. El problema es que la realidad rara vez se adecua a las expectativas y, poco después, a los primeros estallidos eufóricos le sucede cierta desazón. Podemos y Ciudadanos han perdido ese barniz intacto de lo novedoso, y con ello buena parte de su atractivo inicial. Lo mejor de muchos regalos es el envoltorio, la posibilidad de que contengan cualquier cosa; esa incertidumbre abraza todas las esperanzas e incluso todos los temores y desaparece de golpe tras arrancar el papel y descubrir de qué se trata. Por acertado que sea el regalo siempre quedará un regusto de decepción ante el final de la sorpresa. Ambos partidos arrastran desde hace meses un efecto parecido, la sensación de no haber cumplido las perspectivas no ya propias sino ciudadanas. Resulta indudable que su irrupción ha impulsado cambios necesarios en las administraciones públicas, aunque ninguno del calado que sería deseable, pero la ejecución de sus proyectos en el ámbito municipal ha desdibujado sus idearios hasta la caricatura.

Muchos de los representantes de Podemos y Ciudadanos en los ayuntamientos parecen no haber entendido la importancia de la relación de escalas en la política, la fragmentación de las competencias y sus límites. Solo desde esa estrechez de miras, o desde una ambición desmesurada, se explica que, pleno tras pleno, los concejales de ambos partidos bombardeen las sesiones con mociones inútiles copiadas, pegadas y trasladadas de una corporación a otra, de Sanxenxo a Benalmádena y de Coín a Tarragona, como si las necesidades locales estuvieran del todo satisfechas y les sobrara tiempo para jugar a ser malos papagayos de Albert Rivera o Pablo Iglesias y discutir sobre Venezuela, la unidad de España, el almacenamiento de gas en Doñana o el Tratado Transatlántico de Comercio.

Estos debates estériles, sin otro objetivo que anotarse un tanto entre la cúpula provincial o autonómica del partido de turno, enfangan la política municipal, la más cercana y eficaz si se ejerce con rigor y conocimiento de causa, e impiden la presentación de otras propuestas, porque hay que recordar que el número de mociones por sesión plenaria es limitado. Bien pensado, quizá la estrategia no sea tan errada; con la inclusión en el orden del día de asuntos que poco o nada tienen que ver con el ámbito local, muchos ediles consiguen ocultar su crónica falta de ideas e iniciativas en beneficio de los municipios de cuyos contribuyentes salen sus salarios. Vieja política bajo el envoltorio de lo nuevo.