Diario Sur

LA ROTONDA

Creernos Málaga

De cuando en cuando, como quien no quiere la cosa, en medio de nuestras batallitas diarias de papel (prensa) mojado, irrumpe un titular que se sale de la norma. No habla de polémicas, de monólogos enfrentados (aquí rara vez se puede decir realmente que haya debate) entre partidos e instituciones de distinto signo. En definitiva, de política de corto alcance. A veces, entre rascacielos e intentos de bosque urbano, antiguos cines a medio derruir, metros largos y cortos, suciedad en calles siempre sucias y escándalos con las facturas de la compra en el súper, hay quien viene, generalmente de fuera, a decirnos que Málaga es en realidad otra cosa. Es uno de esos sitios que suenan, lo que ya establece una diferencia importante respecto a varios miles de sitios que nadie sabe dónde están.

Si algo he aprendido después de chuparme todos los foros de ciudades inteligentes que se han celebrado hasta la fecha y de escuchar a los que saben es que las regiones que triunfarán en este siglo serán aquellas que tengan la capacidad de atraer y retener talento: capital humano, empresarial y social. Aquellas que logren captar inversiones y desarrollo, tecnología e infraestructuras. En ésas estábamos cuando llegaron los demógrafos del INE para decirnos que esta es la provincia española que más habitantes ganará entre 2016 y 2030, sólo por detrás de Madrid. Unos 109.000 malagueños decidirán serlo en los próximos 15 años. Porque los de Málaga, como los de Bilbao, nacemos donde queremos. Para entonces seremos casi 1,8 millones, de acuerdo con la proyección, y la cifra sobresale por contraste: el resto de Andalucía y España perderán habitantes. La explicación, según le dijo Jesús Delgado, profesor del Departamento de Geografía de la UMA, a mi compañera Nuria Triguero es de sentido común: la Costa del Sol va a seguir funcionando como «un imán de población», con un dinamismo económico que llama a personas en busca de trabajo de otras regiones y países; mientras que su clima, sus atractivos naturales y sus buenas conexiones la hacen deseable para empresarios y jubilados. Desde esta óptica, cuesta menos comprender que, de repente, se multipliquen las noticias de grandes capitales de todo el mundo que quieren invertir su dinero aquí.

El verdadero reto de Málaga es estar preparados para atender ese boom poblacional: garantizar el suministro de agua, el saneamiento y las infraestructuras de transporte (empezando por el tren a Marbella); la vivienda y el soporte tecnológico, entre otras muchas cosas que ahora mismo no lo están ni de lejos. Pero para eso tenemos que creernos Málaga.