Diario Sur

LA TRIBUNA

Málaga, los museos y la generosidad municipal

Recientemente saltaba a la prensa que el Ayuntamiento de Málaga deberá sumar otro millón de euros para «cuadrar» las cuentas de la agencia municipal que gestiona las filiales del Pompidou y del Museo Ruso, así como la Casa natal de Picasso, con lo cual si ello se aprueba, las cuentas municipales destinarían este año 2016 el montante de 7,729 millones de euros al funcionamiento de los tres museos. «Cuadrar las cuentas» significa en su incisiva ambigüedad, compensar el funcionamiento de dichas instituciones, pero no porque según se afirma, haya habido un exceso de gasto sino porque ha existido, a pesar de las intensas campañas publicitarias y promocionales, una caída de los ingresos lo que en otras palabras se traduce en un escaso nivel de participación o quórum activo dispuesto a pagar un ticket en nuestros museos promocionales estrellas. Lo primero que se preguntaría un ciudadano de a pie dentro del actual escenario económico, e independientemente del aplaudible incremento de la oferta museística de la ciudad que nos beneficia de cara a nuestros visitantes, sería, ¿de dónde se saca tanto dinero para promocionar y publicitar esos museos extranjeros de escasa identidad propia y razón de ser cuando menos controvertida?; y segundo, ¿ustedes creen que las administraciones locales de esos países de Francia y Rusia, en la actual coyuntura de crisis económica mundial, estarían dispuesto a gastar tantos millones de euros para 'reflotar' seamos claros, un museo temático relacionado con Málaga en dichos países?... y concluiríamos la ronda de reflexiones, ¿ustedes se creen que un ciudadano ruso o francés que resida en la Costa del Sol, de cierto poder adquisitivo y turista en Málaga, acudiría exclusiva y asiduamente a visitar dichos museos aquí cuando en sus países de origen la misma oferta turística y cultural triplica en calidad y cantidad a la aquí existente?... La respuesta claramente en las dos últimas cuestiones es no.

Hace poco más de tres meses nacía en Málaga, de la mano de la iniciativa privada, un modesto proyecto educativo de Ciencias, original y emprendedor, que ha apostado por la puesta en valor del patrimonio geológico y minero malagueño llamado 'Minerales y Tesoros de la Tierra Aula-museo de Geología'. El proyecto de este pequeño museo situado en una céntrica barriada popular de Málaga, que no ha contado con apoyo oficial alguno, ofrece a sus visitas una importante colección de 1.500 ejemplares de minerales, fósiles, gemas, menas metálicas y rocas, todos ellos sin excepción de la provincia de Málaga, y pretende la difusión educativa de las Ciencias de la Tierra -la geología- y el conocimiento de nuestros recursos naturales como fuente de riqueza local.

Málaga, segunda ciudad industrial de España en la primera mitad del siglo XIX, basó la prosperidad de nuestra sociedad y el crecimiento de nuestro puerto en las exportaciones, y en la riqueza de metales locales; hierro, plomo y grafito los más importantes y posteriormente el cromo-níquel. Pocos ciudadanos conocerán que los primeros Altos Hornos de España -las grandes ferrerías industriales- se fundaron en Málaga y provincia, gracias a un ilustre empresario que hoy día yace de espaldas a la ciudad y mortificado por el tráfico: Manuel Agustín Heredia; y en Júzcar, en la margen izquierda del río Genal existe asida al abandono, una ferrería 'La Real Fábrica de Hojalata' que contaba con proyecto y planos, erigida en 1735 durante el reinado de nuestro rey ilustre Carlos III, todo un modelo de pionera tecnología industrial. Las ferrerías de Heredia, la Concepción (1826) y El Ángel (1841) en Marbella, y la Constancia (1833), hoy desaparecida en las playas de nuestra Málaga, dibujaron gracias al empeño y espíritu renovador de nuestras figuras históricas una Málaga próspera y avanzada con episodios de auténtica revolución industrial focalizada en la explotación de nuestras ricas reservas de mineral de hierro. Ello ocurría en una Andalucía profunda que todavía no había despertado del subdesarrollo económico y social. Pocos ciudadanos malagueños sabrán acerca de estos episodios brillantísimos y es más, probablemente, no les despierten el mayor interés al no difundirse su conocimiento, pero nosotros y nuestras autoridades seguimos promocionando lo de fuera, lo grandioso, lo que suena, lo que vende, como si de un complejo de inferioridad se tratara. Lo auténtico, lo genuino, y las ideas ejemplarizantes o valientes que exportan riqueza de identidad propia no interesan. Esta es nuestra Málaga, la rica ciudad de los museos.