Diario Sur

VIENEN CURVAS

El secreto está en el aparato

Seamos sinceros: nos encanta simplificar. Que las cosas sean blancas o negras, tener razón, pero no bastante razón, sino toda. Así que ante la más mínima nos tiramos en plancha. El concejal Juanjo Espinosa, antes en el grupo de Málaga Ahora y actualmente en el no adscrito, ha justificado parte del dinero que ha gastado del grupo municipal con facturas que sus propios excompañeros de grupo consideran falsas o irregulares por tratarse de compras de cosas como carne, alcohol, lejía, suavizante, jabón lagarto o compresas que no se pueden cargar al grupo o que figuran como emitidas por alguna empresa que no las reconoce o, incluso, que no existe.

Es cierto que hablamos de una cantidad de dinero pequeña, poco más de 4.000 euros. Pero sí sirve para confirmar que en todas partes cuecen habas y que nadie está libre de que le salga un grano. Ante un situación así están los que aprovechan para decir que esto demuestra que todos los políticos son iguales, y los del otro bando, que sostienen que cualquier crítica hacia ellos es una persecución y se justifican con el argumento de que otros los han hecho peor, por lo tanto lo suyo no es nada de nada y bla, bla, bla. Pues no comulgo con ninguna de las dos cosas.

No creo en esa superioridad moral que consiste en deslegitimar a los que piensan diferente o en calificar de antidemocrático todo resultado que no acaba como a uno le gustaría o en considerar que el fin justifica cualquier medio y, por lo tanto, uno no es criticable como los demás. Pero en cualquier colectivo de cierto tamaño hay alguna manzana podrida y es injusto culpar al conjunto de los errores individuales. La clave está en cómo se actúa después: ¿Se niega y se tapa?, ¿se airea si interesa y si no se oculta? o ¿Se actúa con transparencia para intentar aclarar la situación lo antes posible? Ahí es donde se demuestra la regeneración.

Siempre me ha sorprendido la gente que vota completamente convencida a un partido y lo defiende a muerte ante los que piensan diferente, como si hubiera uno capaz de convertirse en portavoz de todas nuestras ideas complejas y, además, de ponerlas en marcha. El problema de las ideas puras es que en política no se pueden mantener. Un partido que aspira a gobernar necesita un gran engranaje que esté bien engrasado y ahí casi siempre se cuelan otras cosas. Y no vale que esas fisuras se condenen enérgicamente en los demás, pero haya que perdonárselas a uno. El secreto de los partidos está en el aparato.

Y cuando falla, como el del PSOE en los últimos tiempos, salta todo por los aires. Menos mal que a los ciudadanos eso no nos amarga el día de Halloween. Si hubiera que disfrazarlos lo tendríamos claro: los del PP de santos, para 'Hoolywins', como mandan los obispos, los socialistas de muertos vivientes y Pablo Iglesias, de muñeco diábolico, diga lo que diga la policía.