Diario Sur

EL RAYO VERDE

NO NOS REPRESENTAN

Después de seguir el debate del investidura del sábado tarde estoy cada vez más convencida de que la distancia entre los ciudadanos y la política no se debe solo a la rapiña, la corrupción y los privilegios, sino a algo aún más profundo y difícil de resolver. A la brecha entre la educación y los valores que nos enseñaron y los que muestran nuestros representantes en el atril. La política que no queremos es esa de faltar al respeto a los muertos, da igual que no sean los propios, a la memoria o a lo más sagrado de los demás, incluso a sus taras; la de hacer sangre y disputar la carroña. Incluso la de oponerse a todo por que sí, y la de traicionar el programa en función del marketing.

Había un verso de una antigua canción, Libertad sin ira se llamaba, que apelaba a la gente que «sólo desea su pan, su hembra (el plus machista de siempre) su fiesta en paz» y esa gente sigue existiendo, aunque no alardee de ello en las redes sociales, ni en las marchas que rodean el Congreso. Quienes van por ahí sin perdonarle la vida a nadie, sin altanería, la gente de la calle. Cuantos más presumen de encarnarla más lejos están de ella.

Mientras la política se espectaculariza, en busca de un más difícil todavía que sorprenda y dé 'share' o 'likes', la distancia se agranda. Porque a la vez avanza el proceso de repliegue y desapego de la sociedad.

La vida pública encanallada provoca por contra una búsqueda de anclajes en lo inmediato o como analiza un libro esclarecedor, una «resistencia íntima». Es ese el título del último premio nacional de ensayo, en el que Josep María Esquirol elabora una «filosofía de la proximidad» que deberían leer, como en renovados refectorios, nuestros políticos. Y si no lo hacen, peor para ellos, porque en eso estamos los demás, en intentar, aunque no lo sepamos «no ceder a la actualidad», «no dejarse llevar por la confusión», volver al concepto de cotidianidad, de proximidad unida a la idea de cura. «No hay resistencia sin modestia y generosidad». Sin presunción ni egoísmo.

Todo un programa.