Diario Sur

REFLEXIONES AL SUR

REPENSAR EL BALONCESTO (II)

Reflexionaba la semana pasada sobre el baloncesto profesional y su delicado momento económico, las decepciones de equipos que, a pesar de ascender por méritos deportivos, no pueden hacerlo por las condiciones económicas que la ACB impone y que dejan un rastro de frustración difícil de superar.

Comentaba igualmente que menos del 30 % de jugadores que conforman la ACB son españoles y que hay más jugadores españoles en la NBA que en la Euroliga. Datos para la reflexión. En un mundo que va perdiendo fronteras, aunque algunos se empeñen en lo contrario, la competencia es con el mundo entero. El jugador español no puede estar protegido dentro de una vitrina, facilitándole su acceso a la competición. Debe esforzarse para superar a cuantos jugadores de otras procedencias quieran formar parte del mismo. Solo así se mejora.

El baloncesto de formación es el principal proveedor y, como tal, también habría que replantearse su actual modelo. No basta con destacar en categorías de formación u obtener medallas en esas categorías, muchas veces producto del resultado cortoplacista que de una buena proyección de futuro. Formé parte de ese error siendo entrenador ACB. Salvo excepciones, como fue el caso de Ricky Rubio (un precoz jugador de 14 años en su debut) o ahora Doncic (jugador del Madrid que partido a partido nos va asombrando con esa madurez impropia de un jugador de su edad pero que anuncia una meteórica trayectoria si tiene buena cabeza), y alguna más puntual, el resto debería seguir un proceso más natural, centrado no sóolo en una formación técnica y física, sino también en una formación académica y competitiva.

No hace mucho, tomando un café con un responsable de la ACB y algún gerente de uno de sus clubes, les manifesté que si por mí fuera me cargaba todas las canteras de equipos profesionales como están actualmente estructuradas. Me miraron atónitos. Algo transgresor tal vez, pero creo que las canteras con el modelo actual son nichos de frustraciones. Solo el 1 % llega a profesionales. ¿Y el resto?

El baloncesto de formación debería volver a los colegios. Los equipos profesionales solo deberían tener equipos a partir de una edad júnior; es decir, 18 años. Hasta esa edad deberían estar en sus respectivos entornos familiares, con sus amigos, con sus estudios, formados por entrenadores que el propio equipo profesional podría enviar a esos colegios. Colegios que pueden ser locales, nacionales o internacionales. Formados en una serie de principios que se establezcan desde pequeños, donde no solo prime el talento baloncestístico, sino armarles una buena cabeza.

¿Para qué quiere un equipo profesional dominar la categoría infantil o cadete, apalizando a cada rival si luego ningún jugador subirá al primer equipo?

La sociedad nos pide ganar, pero no a cualquier precio. Niños prisioneros de los sueños de sus padres y de la voracidad de los clubes. Jóvenes cansados de la presión a la que han estado sometidos desde muy pequeños y sin una formación adecuada que posteriormente los deja a merced de una vida vacía y sin expectativas. No solo hay que repensar el baloncesto profesional. El baloncesto de formación requiere de una sensibilidad aún mayor. Estamos hablando de nuestros pequeños y jóvenes. Palabras mayores.

Pinceladas

Del cielo al infierno. ¿Sabían que el 60 % de los jugadores NBA, al quinto año de retirarse, están en la ruina? ¿O que si nos vamos al fútbol americano ese porcentaje asciende al 85 %? Recuerden: no basta una formación técnica y física. Tener buena cabeza es lo más importante.

Un Barça desquiciado. El Barça de baloncesto anda buscando su identidad. Padece eso que se llama ausencia de líderes. Su entrenador, Bartzokas, nuevo por estos lares, ya sufre las inclemencias de la dureza competitiva de la ACB..

El jeque se va. ¿Pero alguna vez estuvo?