Diario Sur

OJO DE HALCÓN

EL PAPEL DE NAYEF

Los más cercanos a la familia del presidente del Málaga cuentan que cuando Abdullah Al-Thani quiso vender el club en el verano de 2012 -básicamente porque la inversión se le había ido de las manos-, no dio el paso porque dos de sus hijos se empeñaron en que siguiera adelante. Uno fue su tercer hijo varón (Nayef); el otro, su segunda hija (Hamyan). Desde luego, durante la estancia de 175 días del jeque en España ha quedado ratificado el argumento: los dos jóvenes han sido los más activos en los aspectos relacionados con el club, muy por delante de Rakan y Nasser, para los que el fútbol no es ni de lejos su primera afición. Al-Thani ha regresado a Catar, pero es evidente que no se ha ido. Mientras tenga el juguete del móvil en la mano, las redes sociales pueden depararnos más enredos en cualquier instante. Han sido casi seis meses de lavado de cara, de campaña para mejorar su imagen, de presencia hasta en los actos más insospechados -y eso que cuando llegó ni se le podía dirigir la palabra y Ghubn hablaba por él-, pero a la hora de la verdad no se han producido avances o inversiones. La situación del club no ha variado un ápice, con economía de guerra, aferrado a la panacea de los derechos televisivos y con las obras de La Academia sin empezar. En realidad el jeque se ha servido en este periodo (y se siente muy orgulloso de ello) de los pasos en firme dados por su hijo Nayef en todos los frentes en meses anteriores. Muy al contrario que su padre, el joven jeque conoce muy bien el terreno que pisa, ha estrechado fuertes vínculos con la ciudad (desde la sociedad a las instituciones) y no se deja camelar por elogios. Y lo más importante, le apasiona mucho más el Málaga que el fútbol (que ya es decir). Con o sin su padre aquí, el peso de la gestión lo ha llevado él desde hace casi un año. Su progenitor es el dueño, pero él marcó las directrices desde diciembre. Su implicación es decisiva.