Diario Sur

HABLAR Y VIVIR

Policía con acento en la primera 'I'

En los periódicos y en las editoriales en tiempos dorados en lo que se refiere al estilo, incluyendo la ortografía, existía un señor, normalmente algo quisquilloso y algo cascarrabias que tenía un oficio con un nombre tremendo, corrector de estilo. Este señor tenía como función no dejar pasar una en cuanto a errores de todo tipo; por supuesto con las faltas de ortografía. Leía y leía para que el texto saliera limpio de polvo y paja.

Estos señores, en muchas ocasiones, no se limitaban a corregir faltas y erratas, entraban en cuestiones más delicadas como errores flagrantes de construcción sintáctica; es decir, entraban en materias de estilo.

Se acabó la figura del corrector, quizás para reducir gastos, bromas aparte, los textos se mandan por la red y salen como salen en muchos casos. Nos hemos familiarizado demasiado con las erratas, muchos las ven como algo normal y no son normales. Una errata es una falta de ortografía y es un error en el uso del lenguaje, escrito en este caso.

En todos los informativos hemos tenido el dudoso honor de salir por mor de los chalecos de la Policía Local, con acento en la primera 'i'. La imagen del agente con un chaleco de color llamativo y con una falta de ortografía de este calibre debe sonrojarnos a todos. Ya sé que la capacidad de sonrojar es escasa o casi nula pero eso no quita el error clamoroso.

Se ha dicho que los chalecos se han fabricado muy lejos, lejísimos, que han tardado mucho en llegar y que, claro, en ese país no están muy al tanto de las reglas de acentuación del español. La ingenuidad del argumento es total. ¿Cuesta mucho trabajo en enviar una imagen, una prueba para dar el visto bueno? De ninguna manera. Una fotito y un correo: oiga, comprador, ¿está bien así? Y ahora el que pregunta con ingenuidad soy yo: ¿Es imposible técnicamente, mientras llegan los chalecos correctamente rotulados, a los que no se puede renunciar, cubrir ese acento y ponerlo en su lugar? Con lo que hoy avanzan las ciencias, como afirma la zarzuela, me cuesta trabajo creer que no es posible de ninguna de las maneras. No creo que a los agentes les guste llevar un error tan de bulto en sus espaldas y, desde luego, a los ciudadanos tampoco. No creo que ahora se empiece a llamar a la 'polícia', con acento en la primera 'i'.

Se acordó, por mayoría, la abstención del PSOE en la segunda votación de la próxima investidura para elegir presidente del gobierno, después de un larguísimo gobierno en funciones. Estamos asistiendo estos días a mensajes de todo tipo sobre lo acertado o no de la decisión. Es imprescindible articular un discurso, unos argumentos, para explicar el acuerdo. Desde un punto de vista de comunicación es complejo pasar del no absoluto, radical, a la abstención. Posiblemente hace falta establecer el contexto.

En las democracias de nuestro entorno cuando se produce una situación de ingobernabilidad la abstención es un mecanismo bastante normal. Gobierna el que más votos ha conseguido si la oposición no consigue superar su número. Ante esta imposibilidad se produce la abstención como un mal menor que permite la formación de gobierno y el ejercicio normal de la política democrática. Si se quiere este es un argumento técnico, político, sin más dramas ni tragedias; en todo caso, el partido que se abstiene hace un gran favor al sistema legítimamente establecido y a la nación en su conjunto.

Un problema que tenemos en España a la hora de argumentar en política es que palabras como nación, patria y todas las que se relacionan con estos campos de significado están en duda o estigmatizadas. Son muchos años colgándoles etiquetas. Resulta difícil afirmar paladinamente que un partido se abstiene por patriotismo y por el bien común y que esto no quiere decir, al contrario, que la oposición será todo lo contundente y enérgica que la propia democracia demanda. En otras tierras este sería un timbre de honor, palabra también en entredicho.

Cuando el lenguaje se limita, cuando de manera intencionada se alteran los significados en función de razones diversas, políticas en este caso, los mecanismos de argumentación también se resienten. Claro que soy consciente de que este reduccionismo o alteración es perfectamente lógico y está en la esencia de la comunicación pero no deja de ser lamentable en algunos casos como el que comento. Es cierto el cambio de los significados y es, al mismo tiempo, muy interesante comprobar que se pueden orientar en un solo sentido, el desprestigio de palabras que articulan una red de sentidos muy concreto.

A veces el lenguaje, nunca es inocente, adquiere formas ambiguas. Una guerrilla ha "ofrecido perdón" a las víctimas de sus acciones. Se puede entender como que perdona a las víctimas. Hablemos claro: La guerrilla debe pedir perdón a las víctimas y vale.