Diario Sur

A CADA UNO LO SUYO

Golpe de Estado

Golpe de Estado es la acción, casi siempre violenta o con amenaza del uso de la misma, que tiene como objetivo la toma del poder político en un estado democrático, violentando el marco constitucional, algo muy distinto a una revolución democrática que pretende sustituir un poder tiránico. A nadie se le ocurre confundir la Revolución de los Claveles en Portugal para establecer la democracia frente a la dictadura o la Revolución Francesa para acabar con la tiranía del absolutismo, con los golpes de los fantoches con título de general que se pasan por el forro las instituciones democráticas y arrasan, si hace falta, a sangre y fuego, con todo lo que se ponga por delante. Por desgracia ejemplos de golpes de Estado pueblan la tierra y entre nosotros Franco y sus asesinos ya nos enseñaron con su peculiar 'didáctica' de muerte y destrucción, lo que es un asalto al poder a golpe de corneta militar. En términos jurídicos, el art. 472 del vigente Código Penal considera como reos del delito de rebelión a los que se alzaren violenta y públicamente para, entre otros fines: Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución, impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos, disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, impedir que se reúnan, deliberen o resuelvan, arrancarles alguna resolución o sustraerles alguna de sus atribuciones o competencias, declarar la independencia de una parte del territorio nacional o sustituir por otro el Gobierno de la nación o el Consejo de Gobierno de una comunidad autónoma. En síntesis, sea desde el Derecho o la Ciencia política y la Historia, un golpe de Estado nunca puede ser equivalente a un acto parlamentario como es la investidura de un presidente del Gobierno. Cuando escribo esta columna el Sr. Rajoy será investido presidente del gobierno por el Congreso. La Coordinadora 25S convoca a una manifestación para protestar. Nada nuevo bajo el sol. Dos derechos que pueden y tienen que convivir, el de los diputados a votar a quien estimen conveniente (algunos al dictado de Cebrián y Felipe González) y el de los manifestantes a mostrar su desacuerdo con la gestión del PP, partido que en mi opinión ha desarrollado políticas a favor de las oligarquías (no confundir con empresarios) y ha tenido una censurable falta de reacción ante casos de corrupción que apestan. Pero que una investidura, en la sede de la soberanía nacional, sea calificada como un «gobierno ilegítimo de un régimen ilegítimo» y «golpe de Estado», usando una fotografía del golpe de Tejero, constituye un despropósito muy propio de algunos líderes de la llamada 'nueva política' que tienen un ego desbocado y en inversa proporción al equilibrio y cultura política e histórica que debe caracterizar a un representante público.