Diario Sur

TIRO LIBRE

Ganar partidos o ser ganador

Tras algunos desencuentros surgidos en las dificultadas de la temporada anterior entre club y entrenador y un verano de incertidumbres, Joan Plaza cumple ya su cuarta temporada al frente del Unicaja. Es una cifra poco habitual en estos tiempos en el mundo deporte profesional por conjuntos que conocemos, una continuidad que sin duda da al equipo la consistencia y seguridad de los valores contrastados, de quién ha demostrado estar adaptado y saber dónde está, la evidencia de un entrenador capaz, honesto y trabajador que ha sabido cumplir la palabra que dio cuando llegó, devolviendo al Unicaja al lugar que le corresponde, recuperando la ilusión de una afición aletargada y que ya sueña por algo más.

A pesar de que aún es pronto y apenas estamos en los albores del curso, pocos pueden ya dudar de la enorme calidad y potencial que atesora la nueva plantilla que ha conformado el Unicaja para esta temporada. Nos las prometemos felices sobre todo por esa facilidad que tiene el equipo para hacer un juego vistoso y divertido, por la rapidez que es capaz de poner en la cancha la ejecución del juego y por ese gran poder de anotación que tienen en sus manos las mayorías de sus jugadores. La espectacularidad en sus rápidas transiciones, la eficacia en el triple y la constante amenaza exterior que les puede permitir conseguir rachas de puntos favorables en cortos parciales de tiempo para romper con facilidad un partido.

Un equipo, por tanto, capaz de ganar y de doblegar a cualquier rival en cualquier momento de la temporada pero que aún que se encuentra en la búsqueda de alcanzar, el equilibrio necesario para lograr además los grandes retos que tiene por delante.

Sacar provecho de ese enorme potencial exterior, pero en íntima conjunción con su juego interior, que el tiro de tres sea un arma fundamental, pero no una dependencia suicida en los días malos, que el ataque sea una virtud, pero no a consta de una agresiva y eficaz defensa, que cuando vengan mal dadas el equipo sepa encarar las dificultades con la fortaleza mental necesaria y que individualmente los jugadores se enfrenten a sus metas dando el salto deseado para conformar así un equipo que no sólo gane partidos sino que se convierta también en un equipo ganador.

Pero es también la temporada de la salida del club de la Euroliga después de tanto tiempo, al aplicar Bertomeu su ley de entre ese marasmo de normas que nos venía dando, muchas de ellas contradictorias o desiguales, para acabar eligiendo a la carta y a su antojo a los imprescindibles como Madrid y Barcelona, a los poderosos, a algún rico y a algún que otro amigo para estrenar nuevo formato y nuevas expectativas.

Jugar la Eurocup indudablemente es un paso atrás aunque algunos se empeñen en defender lo contrario, pero esto ya no tiene arreglo. Al Unicaja no le queda otra que convertirlo en una oportunidad, la oportunidad de que los aficionados sepamos valorar aún más el privilegio que ha supuesto estar tantos años compitiendo con los mejores y que supondrá, ojalá, volver pronto a formar parte de ella; la oportunidad de competir por un título que haga feliz a todos sus seguidores y que consiga después de mucho tiempo el cartel de «no cabe un alma en el Carpena», recuperando a muchos que hace tiempo no van a ver al equipo e incorporando a otros nuevos para aunar otra vez a la afición en ese gran sueño que supone volver a la Euroliga.

Pero para terminar me van a disculpar por cambiarles de tema, pero no puedo reprimir el impulso de hablarles del rechazo que me produce la actitud de aquellos que se instalan en el victimismo. Los que no quieren reconocer sus propios errores, los que pretende esconder sus propias miserias, atacando a propios y extraños porque se les haya afeado una conducta del todo reprochable de los suyos, acusándoles de formar parte de una conspiración mundial contra sus intereses para conmover a sus incondicionales más irreflexivos. Táctica esta tan antigua como el mundo y sin embargo eficaz, que ha puesto de moda en estos tiempos los independentistas catalanes y que ahora utiliza también el presidente del Barcelona por no querer pedir disculpas por la lamentable y cómica actuación de un grupo de jugadores azulgranas ante el lanzamiento injustificable de una botella de plástico vacía. El arte de la simulación escenificada fuera de los teatros, como si de consumados actores se tratara, y que tantos momentos de 'gloria' inexplicablemente da todavía el mundo del fútbol.