Diario Sur

POR AHORA

La fuga

Somos lo que comemos, dijo alguien o muy elemental o muy en asesor nutricionista. Somos lo que hacemos, dijo el determinista archivador de obras y antecedentes. Somos lo que cada día, efímeros, a veces lluviosos, otras soleados y brillantes o envueltos en una pesada bruma gris, adujo el meteorólogo más poético. Trascendentes o no, somos los protagonistas de una complicada historia que sigue cada día en un inmenso mar universal difícil de desentrañar y mucho más de conquistar.

Ha sido Stephen Hawking quien nos ha avisado de los peligros que podemos correr al llamar la atención con tanta insistencia a los hipotéticos habitantes o civilizaciones vivas de otros mundos. Sea como sea, a pesar de nuestro inevitable primitivismo, la tecnología, que en tanto nos supera a nosotros mismos, está empeñada en llevarnos lejos de aquí.

Todo esto pasaba por la cabeza de Pedro Sánchez, quizá, justo en las horas del debate del Voto de Investidura del Candidato Rajoy el pasado jueves. -No está tan lejos Los Ángeles, aunque estando allí cambia mucho todo-, pensó. -Qué duros momentos son volver a los escaños, hay otras expresiones en los rostros de «los compañeros y de las compañeras», muchos mantienen idéntica cordialidad y hasta un cierto rictus de veneración, otros saludan diciéndome bienvenido al nivel estándar, alguna cara cara seria, casi desaprobatoria y lo peor, una sonrisilla, en otros muchos, de supuesta amabilidad condescendiente, que lo dice todo de una derrota sin revancha. Un trago-.

En tanto, en el Congreso de los Diputados hay una intensa actividad impropia de un sábado. El personal no para y fuera, cámaras y periodistas madrugan por si a mediodía también hubiera algo que recoger. Hoy hay nuevo presidente de Gobierno, vamos, el mismo. Y también habrá un diputado menos, -me voy pero ni me aparto ni lo dejo-. -Me voy pero me quedo, porque no me conformo, y quiero que esto sea mi propio Suresnes-.

En apenas dos años, un Pedro Sánchez Pérez de Castejón, anónimo para los más, ha vivido, ha protagonizado, una celérica carrera hasta con Investidura incluida. Situarse en primerísima línea de salida, ser dos veces candidato a la presidencia de Gobierno por un partido como el PSOE, andar, hablar y viajar con tan crucial e importantísima representación, no es fácil ni trivial. La adrenalina que nos inunda un día cualquiera, porque nos ocurre algo extraordinario, bueno o malo, hay que elevarla a la enésima potencia en el caso de este político novel, que le ha pasado en sostenido. Ello le ha envuelto inevitablemente en un estado de máxima embriaguez que no ha podido soportar, sin que cambiasen para siempre sus formas, pensamientos, convicciones, estilos e incluso, propósitos. Habría que ponerse en su lugar. Demasiado para cualquiera. Lo hemos visto muchas veces, la auténtica metamorfosis que han sufrido tantos y tantos políticos que fueron esperanza y se convirtieron en azote de los mismos que le siguieron y auparon. Algo vieron o supieron cuando llegaron 'allí', a aquel lugar, con aquella gente que tanta devoción les mostraba, que les hizo cambiar para siempre. La historia está llena de ellos.

Mientras, en España, las páginas de nuestros escuálidos anales democráticos va anotando cuidadosamente sus hechos y crea fondo y ejemplos a los que acudir cuando otros personajes y otros hechos nos traigan recuerdo de éstos. Así tendremos referencia de cómo se resolvieron según qué situaciones, cómo se fracasó o se acertó, tomado ésta o aquella medida.

Sánchez ha dejado el acta, pero no deja la política. Se ha fugado, cogerá su coche y recorrerá esta España -aún no federal- para recabar el apoyo de los militantes que hasta ahora le hayan creído y aún le sigan. Puede que pase pronto por Cartagena, dicen que le ha llamado el alcalde de esa localidad mediterránea. Al fin, se trataría de recuperar alguna cosa que ya pasó una vez. Cartagena -dice el alcalde López- se independiza, se sumará a otra comunidad autónoma o creará la suya propia. Con Sánchez se puede soñar con el estado federal de Cartagena, o puede que no.