Diario Sur

Deseo y realidad

Los 315 días con el Gobierno de España en funciones han dado para mucho. Para conocer mejor a los partidos, a sus líderes y, en general, las miserias de la política. Y también para descabalgar a aquellos empeñados en que la realidad no les estropeara su estrategia, sus ambiciones, sus titulares o sus negocios. La realidad siempre es tozuda, porque es lo que es. Sin más. Y la realidad, hoy, 30 de octubre de 2016, es que Mariano Rajoy es el presidente con el apoyo de Ciudadanos y Coalición Canaria y gracias a la abstención del PSOE. Si nos abstraemos de todo lo ocurrido, esta situación parece de sentido común teniendo en cuenta los resultados electorales y, en mi opinión, responde al deseo de la mayoría de los votantes de unos y otros partidos. Porque lo que ha ocurrido en estos meses, en los que realmente no se ha echado de menos a ningún gobierno, es que muchos han confundido sus deseos con la realidad. Empezando por Pedro Sánchez, como buen heredero de la frivolidad 'zapaterista', decidido a embarcar a este país en una travesía desesperada con tal de sentarse en el primer sillón del hemiciclo y que ha culminado con una salida honesta pero resultado de su delirio personalista. O el propio Pablo Iglesias, un tipo que, a pesar de ser listo, parece víctima del llamado efecto Dunning-Kruger, que es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose el más inteligente y midiendo su capacidad por encima de lo real. Ello, combinado con su enorme rasgo narcisista, lo convierte en un personaje que brinca entre lo cómico, el esperpento y, todo hay que decirlo, la provocación adolescente. Iglesias también confunde su deseo grandilocuente con la realidad. Al contrario que Errejón, para suerte del PP, porque un Podemos más moderado sí podría echar al PSOE a la cuneta y haber construido estos meses una mayoría frente a Rajoy. En Málaga, esa diferencia entre Iglesias y Errejón se evidencia muy bien al comparar a Espinosa, acusado por Málaga Ahora de gastar dinero del grupo municipal en compresas, ginebra y vino y presentar facturas supuestamente falsas, con Alberto Montero, mucho más sensato y fiable.

También muchos militantes del PSOE, especialmente la vieja guardia cabreada y agraviada, confundieron su lógico y comprensible deseo del 'No a Rajoy' con la realidad de los resultados electorales, de la aritmética y de la propia historia del partido. Es más que posible que el deseo mayoritario del votante -que no militante- del PSOE pasara por lo que ha pasado, lejos de aventuras con independentistas y populistas.

Es cierto que Rajoy tiene la extraña habilidad, como dijo Felipe González, de avanzar si moverse un milímetro, de no mojarse en medio de este chaparrón. Es cierto también que la corrupción que desarrolló el ecosistema del Partido Popular es nauseabunda. El deseo, sea cual sea, no puede ocultar la realidad de que tiene un respaldo mayoritario y que, de haberse celebrado las terceras elecciones, podría haber mejorado los resultados.

Ahora le toca a Rajoy la firmeza, templanza y justicia de un buen líder, que pasa por reconocer el papel determinante que ha tenido el PSOE, tratarlo como un partido con sentido de Estado y dejarle el espacio que merece para afrontar las grandes reformas. El PP debería asumir que gran parte de su futuro pasa por un PSOE consistente, sólido y con vocación nacional. Siempre y cuando el PSOE decida cumplir ese papel y no lanzarse al monte confundido y acomplejado frente a otros partidos de izquierda.