Diario Sur

SIN IR MÁS LEJOS

El Boja contra las calorías

Ley para la Promoción de una Vida Activa y una Alimentación Equilibrada. Así se llama el nuevo proyecto legal parido por el Gobierno andaluz, inmune a la obesidad normativa a sabiendas de que la prosa del Boja no lo puede arreglar todo, sobre todo la nevera de cada casa. La pretendida cualidad taumatúrgica de algunas leyes sigue siendo una creencia muy arraigada sobre todo en quienes las redactan. No siempre aciertan y meten grasa innecesaria. Sólo en el terreno urbanístico y sin salir de la Costa del Sol ya se sabe que el corpus legal resultó de una morbidez paralizante, como un clon de Gil sentado encima de todo. El Plan de 1986 y el POT son ahora toneladas de diarrea legislativa en una burbuja del tiempo decretada por el Supremo. En las zonas rurales y para los guiris que se hicieron una casita en el campo, de buena o mala fe, se ha acabado por hacerles un traje legal a medida para que no se echen al monte urbanizado envueltos en su tabloide sensacionalista. El urbanismo andaluz está entre nuestras cosas de comer mal reguladas por exceso, y la digestión normativa sigue siendo muy pesada. Ahora, cuando la obesidad infantil afecta casi a una cuarta parte de los niños andaluces y el sobrepeso es otra pandemia capaz de remover los cimientos futuros del SAS, llega una ley para que comamos mejor y nos movamos más, un reto casi tan gigantesco como ordenar el desaguisado inmobiliario. Nada menos que seis consejerías han mojado sopa en la Ley de la Obesidad, que trata de educar en hábitos saludables, después de que se aseguren esas tres comidas diarias, un menú legal pionero pero con la acidez de las leyes vergonzantes. La de la obesidad lo quiere regular todo, aunque se le olvide el etiquetado simple y claro -¿por colores?- de alimentos y bebidas. Me gusta de ella algo tan simple como 'universalizar' el derecho al agua potable en los espacios públicos restaurantes incluidos. Que haya grifos y pequeñas fuentes callejeras es un avance del bienestar que hay que pedir con urgencia para ciudades como Málaga. Beber en una fuente no es sólo una oferta atractiva para el turismo de emociones mínimas si no un medio natural de geolocalizarse para el visitante al poner la boca bajo el chorro y ver la silueta del melillero. Confirmará que sólo el calor es africano, que sigue en Europa aunque diga otra cosa el olor que llega de la parada de los coches de caballos.

Crecí con fuentes en la calle y sitios que hoy serían clausurados porque un niño podía beber gaseosa manchada de vermú. En cada clase había un gordo, un cuatro ojos y un canijo, ese ramillete en nómina bajo la incorrección cruel y la mala leche antes de que se llamara 'bullyng'. Todo ha cambiado y debe cambiar más, pero la lucha contra las grasas 'trans' tiene que extendserse al abuso de móviles y consolas que llena las aulas de precoces rompetechos y gorditos rellenos. A tanta dieta digital hipercalórica no hay de momento ley que le hinque el diente.