Diario Sur

EL EXTRANJERO

Asaltando, rodeando

Asalta que algo queda. Ese parece ser el lema que rige a los militantes de Podemos, a sus mareas y sus satélites. Si no hay fibra de carbono suficiente para construir una pértiga con la que asaltar los cielos se queda uno en un salto módico de metro y medio, pero lo que importa es la intención, esa nobleza que parece inspirar cada gesto y cada palabra del entramado de Podemos. Nacieron en la calle y quieren quedarse en ella &ndasho con ella&ndash, o al menos dejar la puerta de las instituciones abierta, para que corra el aire. Un aire necesario que remueva tantas conciencias dormidas, adocenadas a fuerza de oír discursos inanes y contemplar piruetas políticas. Quieren ser amateurs eternos, olímpicos, los hijos naturales del pueblo.

Lo complicado viene cuando se hace profesión de la naturalidad y se pretende ser los amos exclusivos de la patente. En eso anda Podemos. Y no encuentra la postura. Da vueltas sobre sí mismo, prueba con la moderación y al día siguiente con la provocación. Iglesias se inventó una corbata a media caña, una corbata que subía hacia el fatídico botón que cierra la camisa o bajaba hacia el despechugamiento en función de cómo anduvieran el termómetro electoral y su fiebre socialdemócrata, una socialdemocracia callejera e imposible que tras el revés del 26-J salió despedida, como la corbata, para volver a la dureza de los primeros tiempos. Fuera el disfraz. Viva lo auténtico. Viva la cal viva. Viva la lactancia parlamentaria y viva la delincuencia potencial de todos esos diputados que acechan desde los bancos de la tibieza y el latrocinio. Hay que rodearlos, sitiarlos en el Álamo de la carrera de san Jerónimo.

La calle y la verdad les pertenecen. Y, según parece, también les pertenecen unas compresas Coral noche, unos botes de suvizante Flor, y un surtido de whisky, ginebra, lejía y otras cosas de beber. Me refiero al asunto que se dirime entre las concejalas de Málaga Ahora y su ex compañero Espinosa, acusado por su antiguo grupo de hacer la compra del supermercado con el fondo asignado a las actividades del grupo municipal. Espinosa, asaltante oficial de los cielos y presuntamente del súper, achaca esas cuentas &ndash4.083 &euro&ndash a la difamación. De los casi mil euros de unas fantasmales facturas no emitidas por una asociación cultural pero sí presentadas por él para justificar sus gastos no dice nada. No quiere usar el fango, invoca la transparencia, y lo hace sin ironía. El solitario concejal equipara sus antiguas compañeras a las tres brujas de Macbeth. La casta, el canibalismo, la vieja política, los delincuentes potenciales. Rodear el Congreso y salir a saludar en el papamovil de la pureza. Aquí y en Madrid. Democracia/mafia. Susana Díaz con pistolas y ellos ya a rostro descubierto, moliendo errejonistas y tejiendo el futuro de la patria en los ratos libres. Cuando nos llamen a rodear el Ayuntamiento ojalá que Espinosa también salga a saludar, y nos diga dónde están las mejores ofertas.