Diario Sur

El resilente

Por lo común, quien hace las cosas mejor se lleva el gato al agua y quien se acaba llevando el gato al agua es quien mejor lo hizo. Si Mariano Rajoy, tantas veces dado por muerto, ha logrado a la postre prorrogar su estancia en la Moncloa, es entre otras cosas porque ha tenido la habilidad, la paciencia y el temple que no han tenido quienes aspiraban a desalojarle. Tras la enorme pérdida de credibilidad del sistema bipartidista, por su acreditada ineptitud para evitar una crisis devastadora y por su corresponsabilidad en la gestación del desastre, merced a una corrupción descontrolada, todo lo que podía conseguir el líder del partido más salpicado de escándalos era ganar tiempo. Fuera de su alcance la opción de gobernar con arreglo a su programa, y elevada a la categoría de las utopías inalcanzables, al menos a corto y medio plazo, la plácida mayoría absoluta, todo lo que Rajoy podía obtener era una prórroga. Y ahora la tiene.

¿Por cuánto tiempo, y para hacer qué? Las dos preguntas las irá respondiendo el paso de los días, pero en todo caso el presidente del Gobierno, una vez transcurrido el año de rigor antes de poder volver a convocar elecciones, tendrá en la mano eso que algunos llaman el 'botón nuclear': esto es, la posibilidad de precipitar a los demás a una nueva campaña electoral para la que no estén preparados y para la que él, en cambio, haya previsto cuanto deba preverse; incluida, en su caso, la designación de un sucesor (o una sucesora). Y tiene margen para que vayan finando (y olvidándose: la memoria es frágil) esos juicios de la Audiencia Nacional en el polígono de San Fernando de Henares que tanto oprobio arrojan sobre sus siglas.

Los demás contendientes, en cambio, han fracasado de forma más o menos estrepitosa. En la cúspide del descalabro, Pedro Sánchez y el PSOE todo: ni el líder supo liderar la jaula de grillos aterrados en que se ha convertido el partido, ni los grillos han acertado a serle leales o, si eso no era factible, a fraguar un liderazgo alternativo, consistente y con perspectivas de futuro. Tras la grieta de la votación parlamentaria, todo lo que les aguarda es una deprimente terapia de grupo que no está claro que no acabe provocando más caos. No ha salido nada bien parado Ciudadanos, tras los bandazos en su política de pactos y el alarde de entregarse a Rajoy, sin obtener casi nada a cambio, después de prometer a sus electores que jamás le apoyaría. Y en cuanto a Podemos, tras las exhibiciones tardoadolescentes de su primera minilegislatura en la carrera de San Jerónimo, su porfía en la política de frase campanuda y trending topic, que es el formato posmoderno de la insignificancia, viene a confirmar su irrelevancia en la toma de decisiones en los meses venideros.

Rajoy es un resiliente, sin duda. Pero cómo le han ayudado.