Diario Sur

Investidura de la educación

Sabido que Rajoy será elegido presidente en segunda vuelta, más que un debate de investidura, en el que se ofrece un programa de gobierno y la oposición lo critica, el debate de ayer ha servido para que cada partido se reivindique a sí mismo, subraye las diferencias con los otros y se dirija a los suyos, más o menos desanimados.

Ha habido un tono muy distinto al de los últimos debates; más respetuoso, menos crispado, salvo algún comentario matón. Está claro que se inaugura una legislatura que veremos si llega a los cuatro años y que obligará a una gimnasia para la que los partidos están desentrenados. Dialogar, pactar, acordar, renunciar. Quizás sea el momento adecuado para extraer de esas debilidades la fortaleza de una gran ley de educación, compartida, eficaz y duradera. La renuncia a las reválidas anunciada ayer debería ser un primer paso en esa dirección.

También debería ser la legislatura de la reforma de la Constitución, no solo en el punto que permite el bochorno de la repetición de elecciones, también en la modificación de la ley electoral y, sobre todo, para la salida de la crisis económica. Rajoy ha estado prudente y ha contestado con ironía a los que parecían ponerse por encima de los humanos. Los socialistas han reivindicado su pasado, han dicho que es un acuerdo de investidura y no de gobierno y han insistido en las diferencias con el PP, como si necesitaran repetírselo para darse ánimos y llevarlos a sus votantes. Podemos-En Comú-Marea nos han dado la imagen de uno de sus portavoces como nacionalista catalán, vasco y gallego, todo a la vez, sintetizado en esa referencia a las «naciones sin estado».

Ciudadanos ha reivindicado, una vez más, a Suárez y al espíritu de la Transición y ha dicho que golpe de estado es el que dejó los orificios de bala en el techo del Congreso y no otros, como soezmente los califican los que quieren rodearlo ahora. Pero lo mejor del debate es que certifica que no habrá terceras elecciones, algo que no estaba tan claro.

No tiene sentido ahora hacer historia contrafactual y decir que hubo segundas elecciones porque Podemos votó con el PP contra Sánchez, en marzo de este año. O que los socialistas se podían haber ahorrado este calvario, si la misma noche del 26 de junio hubieran concluido que había que facilitar que gobernara el más votado, cómo ha ocurrido ahora, con la crueldad de cuatro meses de retraso y con sus desgarros. Rajoy será presidente en minoría de un país en el que los problemas siguen vigentes: las pensiones, los jóvenes, las mujeres y los mayores sin empleo, o en precario, la penuria en la investigación, la violencia machista, el IVA cultural. Si son capaces de abordarlos podrán paliar el rechazo que han creado entre los votantes.