Diario Sur

SINÉCDOQUE

OJOS NUEVOS

Mirar con ojos nuevos, que solía decir Pepe. Cuando llevábamos semanas trabajando en un proyecto y las ideas habían evolucionado hasta convertirse en otra cosa. Cuando, de repente, no sabíamos distinguir entre lo bueno y lo malo, lo útil y lo inútil, lo diferente y lo de siempre; hay que mirarlo con ojos nuevos. Para innovar hay que conocer y cuando conoces algo, lo haces parte de ti, es difícil imaginarlo como un ente ajeno o como algo nuevo; es complejo criticarlo, casi imposible juzgarlo imparcialmente. ¿Es más fácil defender un error que admitirlo? Admiro a las personas que toman decisiones, a las que asumen la culpa si se equivocan y a las que saben pasar página y mirar al futuro con ojos nuevos. Admiro a los que dedican su tiempo a construir soluciones y se atreven a enumerarlas en voz alta. Admiro a los que tienen el súper poder de mutar una y otra vez, de adaptarse a los cambios, con rapidez, sin miedo. Son esas las personas que crearán cosas nuevas, mejores. Detesto de todo corazón a los que se quejan y se quejan y se quejan. Y no hacen nada más que seguir quejándose y quejándose y quejándose. Vivimos en un mundo sumamente imperfecto, y tenemos toda la culpa de que así sea. Formamos parte de un sistema avaricioso, egoísta e injusto, es lo que tenemos. Hay que trabajar con eso. Hace mucho tiempo que no defiendo nada, me dedico a observar, a aprender, a mirar con ojos nuevos cada milímetro que me rodea. Y funciona. Sirve para dejar de perder el tiempo, sirve para avanzar, para encontrar nuevas soluciones, otros caminos que explorar, otras metas que alcanzar. Sirve para cambiar un milímetro del sistema. Uno. Y uno ya es algo. Luego dos. Y dos es más. Más tarde, tres y así sucesivamente. Detesto de todo corazón a los que responden no por defecto, a los que no responden, a los que responden que responda otro. Al resto, lo admiro. Admiro a los que despiertan cada mañana con esos increíbles ojos nuevos.