Diario Sur

MIRANDO AL MAR

OBRAS SIN AMORES

EN los últimos días hemos podido comprobar en Marbella, en nuestras propias carnes, de qué manera está conformado el casco urbano de la ciudad. Ha sido así porque ha coincidido en el tiempo que se han cortado al tráfico varias vías que suponen importantes nudos de comunicaciones, lo que ha impedido que se desarrollara el tráfico rodado con cierta "normalidad".

Los vehículos se han encontrado, sin aviso previo, al menos de forma clara, con que la Avenida Nabeul, cuyas obras vienen eternizándose desde mucho antes del verano, se encontraba totalmente cerrada desde la avenida Severo Ochoa, impidiendo el desplazamiento hacia la Divina Pastora (el puente Málaga también estaba levantado) e incluso girar por Rodríguez de la Fuente para utilizar después el túnel que atraviesa la Avenida del Mar. Más adelante también estaba cerrada al tráfico (y lo que le queda) la calle Huerta Chica, con lo que hacer un giro hacia el sur se convirtió en un auténtico problema, en un municipio que ya tiene habitualmente un volumen de tráfico muy elevado.

Está claro que las obras en las ciudades hay que hacerlas en algún momento y es muy difícil poner a todo el mundo de acuerdo sobre las fechas, las necesidades que hay que cubrir y hasta los materiales que se van a instalar. De una u otra forma se ocasionarán molestias a los ciudadanos. Lo que sigue llamando la atención es lo complicado que resulta que los trabajos que se realizan en las calles cumplan los plazos establecidos e incluso los presupuestos. No sé si está pasando ahora, pero es cosa bastante frecuente que cuando todo parece marchar bien siempre hay algún detalle que retrasa las obras, como, por ejemplo, que no hay suficientes ladrillos porque la fábrica ha tardado más de lo previsto a pesar de que se les hizo el encargo con la suficiente antelación. Y ahí queda un grupo de operarios viendo pasar el tiempo mientras llega el pedido. Porque a causa de la lluvia no suele ser en los últimos años.

Quizás todo se deba a una falta de coordinación entre las diferentes partes que constituyen un equipo de construcción, y no será por falta de experiencia en nuestro país. Probablemente también ocurra lo mismo entre diversos departamentos municipales, que, se supone, están al tanto de cuando se cortan las calles, el agua, el suministro eléctrico o se va a realizar una desviación de tráfico.

No es normal que en la principal arteria de la ciudad, Severo Ochoa - Ricardo Soriano, cientos de vehículos que circulan en dirección Málaga - Cádiz, solamente se encuentren a un operario de una empresa privada, provisto de casco amarillo y una señal de tráfico en la mano, que decide cuando hay que parar o se corta uno de los carriles, dando las correspondientes órdenes a unos automovilistas que, sorprendidos, solo pueden armarse de paciencia, aunque les gustaría dar la vuelta, cosa que tampoco pueden.

Es aquí cuando se echa en falta la presencia de algunos agentes de la policía local para permitir una mayor fluidez en el tránsito de los vehículos y, también, para intervenir en caso de conflictos o pequeños alcances, que los hay. Solamente utilizando el silbato y los movimientos de sus manos son capaces de reducir en un alto porcentaje los atascos que, ineludiblemente, parece que habrá que sufrir, quieras o no. Pero, a veces, el sufridor que va en su coche no comprende por qué no aparecen y si estaban o no previstos los trabajos de los cascos amarillos o hubo alguien a quien se le ocurrió de pronto, que ya sería grave.

Los problemas de tráfico en ciudades como Marbella son muy difíciles de solucionar, porque llegan diariamente todo tipo de transportes, y no me refiero a los turistas, sino a los que pertenecen a diferentes empresas que suministran sus materiales a los numerosos negocios de nuestra industria turística, o a los profesionales de diversos campos que tienen aquí un despacho. Solo con ellos hay determinadas horas de mayor complicación circulatoria, pero no cuidar los asuntos puntuales que pueden empeorar las cosas es algo que no debería ocurrir. Eso sí, cuando terminen las obras que ahora molestan todo el mundo se alegrará y otras cuestiones pasaran al olvido. O no.