Diario Sur

POR EXIGENCIAS DEL GUIÓN

Mariano Rajoy estuvo ayer tarde en la tribuna, previsible y aburrido, como dicen que debe ser una democracia sana. Hizo una faena de aliño breve y aseada consciente de que para cerrar correctamente el paréntesis de trescientos días y otras tantas noches lo de menos era su discurso. La gran batalla entre la razón y la emoción ya se había librado en Ferraz y no convenía recrearse en la suerte. En ese terreno hay que reconocerle al presidente in péctore bastante destreza. Ni se excede en la metáfora, ni carga la suerte en la épica. Ni reproches explícitos a los que le han mantenido en funciones bloqueando el discurrir razonable de los acontecimientos, ni lisonjas exageradas a los partidos que han facilitado un feliz desenlace al laberinto de unos resultados electorales endemoniados.

Y mira que tenía fácil dar alguna cornadita a Pedro Sánchez que desde la cuarta fila asistía como un turista accidental al triunfo de la política aburrida y previsible sobre la de titulares, fuegos de artificio y frivolidad. El secretario general caído, por cierto, no pudo resistirse a su atracción fatal por crear intriga y guardó en secreto el sentido de su voto para la sesión decisiva. Como decía un tuitero malvado, parecía que estaba cebando el 'Sálvame deluxe'. Pero Rajoy se contuvo. Yo creo que tenía tantas ganas de pasar página y olvidar la sombra del «no es nooo» que ni vio al Sánchez moreno, descorbatado y pasota que se arrellenaba en el escaño como si fuera una tumbona de la playa.

El presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, se parece mucho más a Rajoy o Rajoy se parece más al socialista asturiano. Ambos prefieren las certezas a las especulaciones. Y en el fondo, fondo, de la intervención ayer del presidente en funciones se podía reconocer una clara sintonía con Fernández. Ambos podrían firmar que, como dijo Rajoy, España necesita urgentemente un gobierno, que unas terceras elecciones serían malas para todos, que no hay un ejecutivo alternativo razonable al del Partido Popular, que hay que garantizar el estado de bienestar, apaciguar el secesionismo traicionero y dejar de caminar por el filo de la navaja. Eso sí, ayer Rajoy pudo hacer una faena de aliño, pero la que le espera es de pantalón largo y deberá apretarse los machos. Hay que combinar estabilidad, y reformas; cuajar pactos y acuerdos con la oposición y a la vez dar seguridad a los inversores. Pero todo eso necesita tiempo. Y eso no sabe nadie si lo tendrá.