Diario Sur

FÚTBOL ESCRITO

CUATRO AÑOS YA

La Rosaleda acaba de cumplir 75 años pero yo he rejuvenecido cuatro. Siempre por esta época se cumple la efeméride de la feliz -aunque con final trágico- participación del Málaga en la Champions, y uno desanda el tiempo para recordar aquella preciosa historia. En estos días, ahora que muere octubre, sucedió el gol de Joaquín al Milan. Lloró el extremo de extrema felicidad porque sabía que hollaba una cumbre virgen; y por tanto se ganaba para siempre un lugar en el altar pagano del malaguismo. Joaquín es el Edmund Hillary que coronó el Everest y luego bajó para contarlo. Su hazaña, aunque fuera en el tercer partido de la fase de grupos -y por más que los dos anteriores hubieran sido sendas goleadas por 3-0 al Zenit y al Anderlecht-, tuvo el sello especial del renombre del rival, auténtico dominador del fútbol europeo de los ochenta y noventa. Eso es un marchamo de autenticidad, una gesta homologada en el llamado planeta fútbol. El Málaga se hizo mayor aquella noche. Se independizó de su secular intrascendencia en Europa y obligó a periodistas de todo el mundo a teclear el nombre de la ciudad y del club -que son el mismo, ahora y siempre- en grandes titulares. Hace ahora cuatro años sonaba el himno de la Champions en La Rosaleda y los malaguistas éramos felices ganando al Milan, antaño rey de Europa; y al Oporto, igualmente campeón continental; y casi al Dortmund, también miembro de tan selecto club. Y desde entonces se nos espera de vuelta. Ya nunca seremos unos extraños en el salón donde se reúnen los mayores, porque en la pared hay una foto nuestra que prueba que ya hemos estado ahí. Y hace falta renovarla: va cogiendo cierto tono amarillento por el paso del tiempo. Cuatro años ya.