Diario Sur

Correas

Érase una vez un viejo país ineficiente donde las élites económicas decidieron saquear el erario público. Una vez descubierto el crimen se tardó años en sentar a los culpables en el banquillo y juzgarlos como merecían. Para colmo, algunos portavoces, con el fin de esquivar el perjuicio político y blindar sus intereses partidistas, empezaron a hablar de que los hechos habían sucedido en un tiempo remoto. Correa nos ha hecho un curioso favor a los españoles traduciendo a la lengua castiza la rúbrica policial de la trama 'Gürtel'. Y así la ha puesto en su sitio.

La lengua de Merkel, la del ajuste y la austeridad a ultranza, la traduce Correa a su conveniencia para recordarnos épocas en que la opulencia y el despilfarro hacían ricos a algunos. Corrupción es una palabra demasiado noble. Lo que hacen los 'correa' de este mundo no merece tal dignidad. Los latinos tenemos la obligación cultural de vulgarizar las cosas. Lo de Correa y sus cómplices se llama chalaneo, chanchulleo, trapicheo. A gran escala, sí, en las altas jerarquías, también. Pero chanchullos y trapicheos delictivos con la 'pasta' de los contribuyentes.

El juicio a Correa no es un juicio cualquiera. Es una novela picaresca en toda regla. Hacía tiempo que un pícaro de ese calibre no tomaba la palabra con tanto descaro para contarnos sus lucrativas aventuras al servicio de amos tan amables y generosos. Con todo, la revelación más grave del juicio tardío de la 'Gürtel' no atañe a las responsabilidades penales ni al alcance del montaje fraudulento. No. Lo que Correa ha revelado al pueblo que lo juzga con estupor y asco es la abundancia de 'correas' en la realidad. La multiplicación de clones de Correa agarrados a las correas de transmisión de las diversas administraciones y partidos para extraer un beneficio parasitario del funcionamiento del sistema.

Los atónitos espectadores del juicio no imaginamos los sufrimientos de este pillo deslenguado sabiendo que lo han pillado mientras otros semejantes a él andan por ahí sueltos, disfrutando aún de prebendas de las que se ve privado entre rejas. Todos esos avatares de Correa que se reproducen para darle color al dinero y olor a la vida nunca se sentarán en el banquillo de los acusados. Lo dice la estadística. Por cada 'correa' cogido en flagrante delito diez correosos permanecen impunes. Esa es la escandalosa verdad que proclama Correa en los micrófonos del juzgado de la Audiencia Nacional con su voz de profeta ronco, su garganta requemada por el humo de los puros de marca y la hernia de hiato de las comilonas de negocios. Y abrasada también de tragar bilis, atrapado y aislado, año tras año, durante la lenta instrucción del sumario. Es duro saber que a uno le toca pagar el pato. Algo más español quizá. El cerdo. La porquería ibérica. Continuará.