Diario Sur

LA ROTONDA

Médicos y pacientes unidos

Dicen que la unión hace la fuerza, aunque todo depende de cómo de fuerte sea el adversario. En este caso, los que se han aliado son el Colegio de Médicos de Málaga y once asociaciones de pacientes. El objetivo es lograr una mejora de la sanidad pública. En un decálogo leído la pasada semana se incluyen los asuntos que médicos y representantes de los enfermos consideran más perentorios. Es una iniciativa positiva que profesionales de la medicina y usuarios vayan de la mano a la hora de reivindicar la puesta en marcha de medidas que refuercen un sistema sanitario que atraviesa por un delicado momento, pero que es la tabla de salvación para infinidad de personas que sin él no tendrían ninguna posibilidad de curación. Los que conocen con más detalle lo que sucede en los hospitales y en los centros de atención primaria son los que trabajan en ellos. Por eso es difícil engañarlos con palabras que, por excelente que sea el orador que las pronuncie, no son más que humo que se disipa con el viento. Lo dijo con claridad el presidente del Colegio de Médicos de Málaga, Juan José Sánchez Luque: «El diálogo debe imperar; sería conveniente que la Consejería de Salud reconociera las carencias existentes». Esa es la clave de todo: dialogar, escuchar las opiniones de los que realmente conocen el paño. La Administración, independientemente del color político que tenga, es muy dada a creerse en posesión de la verdad. Craso error como los hechos, insobornables ellos, se encargan de demostrar un día sí y el otro también. La teoría y la práctica no siempre se acoplan. Antes de empecinarse en poner en marcha un proyecto sanitario debería ser de obligado cumplimiento tomar nota tanto de lo que expresan los que, a la hora de la verdad, van a aplicar esa disposición como de lo que argumentan quienes la van a recibir. O sea, hacer las cosas bien, que cuesta lo mismo que hacerlas mal y encima es mucho más rentable.

Si de verdad se escuchase a los médicos y a los pacientes, otro gallo cantaría. Y sería un canto más armonioso y sin notas desafinadas. No se trata de que Salud tome las decisiones de modo asambleario, porque eso tampoco sería eficaz, pero sí que considere de forma real, y no cara a la galería, las conclusiones que emiten los que conocen en profundidad las deficiencias de la sanidad pública, porque las sufren a diario, bien sea como profesionales, bien como enfermos. El valor de esos puntos de vista es impagable. Por tanto, como dijo el presidente del Colegio de Médicos malagueño, «el principal valor del decálogo elaborado es que aúna voluntades y pone una voz conjunta». Esperemos que los que mandan en la Consejería de Salud no miren para otro lado y hagan oídos sordos.