Diario Sur

EL ALFÉIZAR

Dignidad y violencia

Lunes 24 de octubre. 18.00 horas. Un clic da paso a la home de diariosur.es ¿Qué leemos un lunes cualquiera en el portal del periódico de referencia para muchos malagueños? Varias informaciones cuando menos preocupantes: «Detienen a un hombre por la muerte de su hermana en Torremolinos». «Agrede a un funcionario en Vélez y amenaza a una edil a la que recriminó por no darle trabajo». ¿Qué está ocurriendo para que en un puñado de noticias dos informaciones provinciales tengan carácter violento? A esas, por cierto, hay que sumarle la del presunto asesino de Pioz que se llevó por delante la vida de dos pequeños y dos adultos, familiares suyos para más señas.

Alcanzar la paz, vivir en paz no es empresa fácil. Sobre todo a causa de la delincuencia que adormece el corazón y genera violencia y odio. Violencia en las sociedades, en los hogares y en los corazones. Este último espacio el más peligroso: es el lugar donde se cuece de verdad el daño que destroza la vida propia y la ajena; la dignidad humana.

Aunque en el mundo pareciera que hay más enemigos que amigos es necesario creer en la bondad. Y en la posibilidad de vivir en paz. La Iglesia Católica, con sus más y sus menos, durante un periodo importante de la reciente historia de Europa se convirtió en un referente moral para millones de personas. Pero una vez que su influencia social decrece y Dios parece que ha sido desplazado de la vida muchas gentes ¿quién ha venido a sustituir ese espacio? ¿Quién se ha erigido como referente moral para construir una sociedad donde se respete la dignidad? Violencia ha habido siempre. Y siempre habrá porque somos animales. Pero ésta se desata espectacularmente cuando se desdibujan las compuertas de lo ético y todo vale. Cuando el subjetivismo y el relativismo campan a sus anchas. Cuando la vida humana vale en función del valor que le damos. Y no de su dignidad inherente. ¿Dónde se encuentra el secreto para respetar la dignidad humana? En la interioridad que se abre a la Trascendencia. En lo más íntimo y esencial del propio del ser y la conciencia: en el corazón en su sentido más personal. Para eliminar la violencia urge recuperar la bondad. La que se alberga nuestro interior. La bondad que permanece en el empeño y llega en el momento preciso. En el preciso instante.