Diario Sur

CALLE ANCHA

Los coches no se comen

EN esta ciudad nuestra, la mejor del mundo, según una concepción chauvinista demasiado extendida, consecuencia del insano ejercicio de mirarse continuamente el ombligo, a veces desearíamos que los coches fuesen comestibles (quizás fuesen perjudiciales para el colesterol) o, al menos, plegables o que encogiesen. En materia de movilidad (departamento que gestiona en el Ayuntamiento el edil Miguel Díaz), la gran asignatura pendiente continúa siendo la falta de aparcamientos. En ese sentido se han realizado algunas actuaciones, caso de las avenidas del Mercado y Maíz Viñals, tendentes a la habilitación de nuevas plazas de estacionamiento gratis. Pero, en contrapartida, otras decisiones han resultado polémicas y así nos encontramos con una modificación que los ciudadanos seguimos padeciendo a diario: la apertura de un tramo de carril bici en la calle Camilo José Cela, que levantó polvareda el pasado verano. Los ciclistas contaban con la vía del Paseo Marítimo, a pesar de lo cual se abrió el polémico carril, para el que el edil acordó con los colectivos de ciclistas pero no tuvo en cuenta el parecer de los vecinos residentes de la zona. Considero necesario, como no puede ser de otra manera, que se garantice el derecho de los usuarios de la bicicleta en las mejores condiciones, pero habrá que diseñar muy bien los trazados y las estrategias; consensuar ante todo con los vecinos y comerciantes de las zonas que se ven afectadas. Recordaré que en Camilo José Cela, no solamente se suprimieron estacionamientos, sino que también se limitó el tráfico, de forma que exclusivamente se puede transitar en sentido Cádiz. La medida hace muy dificultosa la circulación la mayoría de las mañanas cuando los camiones de reparto inutilizan el único carril, de manera que no hay otra alternativa más que invadir el carril bici (casi desierto de usuarios por otra parte). Ya sabemos que España es un país donde las leyes se promulgan, las normativas y ordenanzas entran en vigor, y a renglón seguido comenzamos a ignorarlas; incluso dictámenes de organismos como el Tribunal Constitucional se convierten en papel mojado, pero debemos realizar la pedagogía del cumplimiento, aunque, como en el caso de la decisión de Camilo José Cela, nos parezca que perjudica más que beneficia. Es frecuente que, a pesar de la señal clara que lo indica, muchos conductores (digo textualmente 'muchos') utilizan ambos sentidos. No se observa la presencia de la policía local; he ahí un reto para el nuevo Jefe: hacer visible a los agentes y también para el concejal Porcuna. En cuanto a los estacionamientos, si la policía local hiciera cumplir a diario con rigor la normativa, sería imposible dar cabida a tanto coche porque faltaría espacio. En este sentido existe cierto caos en la ciudad y de ello son más conscientes que nadie las personas con accesibilidad limitada. Por supuesto que solucionar el problema no es ni fácil ni barato, pero urge que se abra un profundo debate para afrontar un problema que va en aumento. De momento algunas empresas encantadas de la vida: entiéndase por ejemplo la concesionaria de las zonas azul y verde y los propietarios de los diferentes espacios de aparcamientos privados, seguramente el mayor abuso en cuestión de tarifas después de la autopista, o quizás al mismo nivel. En el estacionamiento del mercado, por aparcar algo más de una hora hay que pagar prácticamente cinco euros; en otro, con similar carestía, y situado en la Plaza de la Iglesia de San Pedro Alcántara, no puede efectuarse el pago con ningún tipo de tarjeta, algo que también ocurre en la zona azul sampedreña. Resulta incomprensible que a esta altura del siglo y en un lugar eminentemente turístico, haya que recurrir obligatoriamente al dinero en efectivo. Y en el fondo de todo el estado de la cuestión el enquistado asunto del transporte público en Marbella, un servicio imprescindible en cualquier ciudad y que no hay partido o equipo de gobierno que se atreva a meterle mano. Mientras tanto los coches continúan siendo incomestibles, pero además perjudican seriamente la salud. Y el bolsillo.