Diario Sur

INVESTIDURA PRENDIDA CON ALFILERES

El bloqueo político que tanto se venía dilatando, prácticamente ha quedado resuelto: el acuerdo de abstenerse en la segunda votación del Comité Federal del PSOE garantiza que en los próximos días Mariano Rajoy será investido presidente y podrá formar Gobierno. Algo es algo; se acaba esta interinidad inoperante ante tantos problemas como se han venido acumulando, desde las pretensiones secesionistas en Cataluña hasta las negociaciones con Bruselas, pasando por la aprobación de los presupuestos para 2017, un trámite siempre tan importante como complejo. Pero el horizonte político sigue siendo obscuro.

Porque aunque haya Gobierno de cierta continuidad a la vista, la realidad anticipa que la normalidad democrática nacida con la Transición y consolidada a lo largo de 40 años, está pasando por un mal momento y pueda empeorar. La actitud de populistas nacionalistas radicales no augura la recuperación de la convivencia que se venía disfrutando. Pero además de las alteraciones de esa normalidad, que las organizaciones antisistema están queriendo imponer, la crisis deja abiertas muchas heridas y muy pocas posibilidades de que los partidos tradicionales -mayormente PP y PSOE- puedan superarlas de manera satisfactoria.

El Partido Popular, que seguirá en el poder, se acaba de apuntar una victoria pírrica que, además de dejarle en condiciones limitadas para gobernar, y menos para mantener la línea política que le exigen los suyos, paradójicamente se complica también por el desgarro sufrido por su principal adversario y líder de la oposición constructiva que desearía. No es nada envidiable el triunfo de Rajoy ante el futuro que le espera teniendo que lidiar con la aplastante mayoría que le estará marcando desde el Parlamento. Pero la situación en la que queda el PSOE tampoco es menos compleja. Apoyará con su abstención la investidura pero a costa de una grave división interna que condicionará su actuación a corto plazo.

Aunque muchos votantes del partido se alegren de que se haya impuesto el interés nacional, la reacción de la mayor parte de su militancia sale del trámite con la humillante convicción de que su tradicional adversario, contra cuya continuidad votaron, se ha apuntado un éxito doble: mantenerse en el poder y dejarles desarmados como alternancia para mucho tiempo. Tanto la gestora actual como el liderazgo que salga del próximo Congreso, necesitarán hacer milagros para recuperar la normalidad interna imprescindible para aspirar a otros objetivos.

Esta situación del PSOE, que tal vez alegre a algunos 'hooligans' del PP, es sin embargo el principal problema para la gobernabilidad. Hay muchas cuestiones que deberían ser abordadas por una mayoría constitucional clara y Rajoy va a encontrarse con un muro para sacar adelante los acuerdos necesarios. Por buena voluntad que tengan los dirigentes socialistas, la necesidad de borrar la imagen de claudicantes ente la derecha les llevará a resistirse a cualquier colaboración. De momento ya han anticipado claramente que se abstendrán en la investidura, pero de aprobar presupuestos, ni hablar.