Diario Sur

Carta del director

El gran pacto

No sé si será por la ansiedad que genera, por la falta de respuestas o por irresponsabilidad, pero en este país se habla muy poco del sistema de pensiones, salvo cuando los partidos utilizan a los pensionistas para atizarse unos a otros, como siempre. La drástica reducción de la hucha de las pensiones, los datos que apuntan al importante incremento de la población mayor de 65 años, la precariedad del mercado de trabajo actual y la certeza de que la cosa no va a mejorar mucho en los próximos años ha devuelto a la actualidad el debate sobre las pensiones en España. En el horizonte, la jubilación de toda la generación del babyboom -los nacidos en los años sesenta-, que vendrá a complicar aún más todo el asunto.

Si tenemos en cuenta que la presión fiscal en España ya es muy alta, habría que olvidarse de que la clave sea una subida de impuestos, salvo que estemos dispuestos a entrar en la espiral demagógica y absurda de que paguen los ricos y los empresarios, que es lo mismo que pedir que paguen la clase media y las pymes, bastante asfixiadas de hecho por las políticas del desaparecido ministro Montoro y el Partido Popular.

No hace falta ser un reconocido economista tertuliano de fin de semana para saber que lo que este país necesita son más y mejores cotizantes; y eso sólo se consigue a través de más empleo y mejores salarios. Y aquí llega el momento más delicado, cuando es preciso convencer a la 'gente' de que para ello son necesarias medidas que faciliten la vida a los autónomos, las cooperativas, las pymes y, también, las grandes empresas. Es decir, la reactivación económica pasa, además de por datos macroeconómicos coyunturales, por el dinamismo empresarial.

Como mucha 'gente' de este país está instalada en la idea de que el mayor enemigo del trabajador es el empresario y la empresa, es complejo diseñar un modelo que genere empleo de verdad, salvo que seamos tan tontos de creer que la solución pasa por crear más empleo público todavía.

Ahora bien, al mismo tiempo es preciso aumentar los controles contra la economía sumergida, contra los abusos del empleador y también del empleado, y defender un sistema garantista con los derechos sociales y laborales y solidario en el pago de impuestos sin excepciones ni vericuetos, porque en este país, curiosamente, se sigue calificando de listo o listillo al que es capaz de pagar menos impuestos de lo que debe.

El Estado del Bienestar, la mayor conquista social en la historia, basada en la sanidad y educación gratuita y universal y en el sistema de pensiones, sólo podrá subsistir a través de un gran pacto de Estado que trascienda a los actores políticos e implique a toda la sociedad. Este reto, por políticamente incorrecto que parezca, es incompatible con modelos anacrónicos como la lucha de clases, la lucha obrera o, peor aún, echándose a la calle o a las barricadas. Hoy la clase obrera es la clase media trabajadora y las clases sociales están sometidas al imperio de la democracia parlamentaria. En España, nadie por su procedencia social o su capacidad económica tiene, en la esfera pública, más privilegios que nadie.

Claro que, releyendo lo escrito, uno corre el peligro de parecer ingenuo si cree que los partidos que nos representan van a ser capaces de aunar esfuerzos para salvar el Estado del Bienestar cuando ni siquiera saben ponerse de acuerdo para formar un Gobierno de España.