Diario Sur

¿Cambiar de opinión?

No siempre que decimos cosas distintas es que hayamos cambiado de opinión. Por ejemplo, si a las tres de la tarde decimos que son las tres, y a las nueve de la noche decimos que son las nueve, no habremos cambiado de opinión, sino de hora.

Viene esto a cuento porque hace unos días, una magnífica periodista a la que tengo en alta estima puso un tuit que decía «El PSOE ha cambiado. Esto decía José Andrés Torres Mora en junio. Lo que no iba a pasar ahora va a pasar», y enlazaba a un artículo que escribí y publiqué al inicio de la campaña electoral. ¿Qué decía en junio? Que los socialistas no facilitaríamos el gobierno a Rajoy de ninguna de las maneras. ¿Qué digo ahora? Que debemos abstenernos para evitar ir a unas terceras elecciones. ¿Ha mejorado Rajoy? No ¿Ha mejorado mi opinión sobre Rajoy? Menos aún. ¿Qué ha cambiado entonces?

La periodista olvidó decir que después de aquel artículo he publicado otros 25, todos con mi nombre y dando la cara, en los que he ido dejando constancia de mi opinión sobre cómo han ido cambiando las circunstancias y con ellas las opciones que los socialistas teníamos a nuestro alcance. El día 2 de septiembre, por ejemplo, publiqué un artículo titulado 'Una solución no convencional' en el que proponía una abstención «a escote» de las fuerzas parlamentarias del «no» a cambio de que el PP presentara a alguien distinto a Rajoy. Ya no decía lo mismo que en junio, porque a esas alturas era evidente que Ciudadanos y Podemos no iban a facilitarnos a los socialistas un gobierno alternativo. Sin embargo, después de su derrota en la investidura, en mitad del escándalo Soria, enfrentado con Ciudadanos, Rajoy era políticamente vulnerable. La cabeza política de Rajoy no es lo mismo que un gobierno alternativo al PP, pero es un objetivo políticamente muy relevante. Esa ventana de oportunidad se cerró el 25 de septiembre, con la victoria del PP en Galicia, y las derrotas del PSOE en Galicia y Euskadi, los socialistas no teníamos la misma fuerza para alcanzar un objetivo que era posible tres semanas antes.

Decir, en esta hora, «no» a Rajoy no hará desaparecer a Rajoy. Seguirá en funciones hasta unas elecciones en las que todo indica que los escenarios más probables son que el PP consiga, con Ciudadanos, los seis diputados que les faltan para la mayoría absoluta, o que se mantenga la situación de bloqueo. En ambos casos el «no» a Rajoy mantendría a Rajoy en la presidencia. Eso sí, los dirigentes de Podemos dirán: la culpa es de los votantes, nosotros somos puros. Si, además, consiguen quitarle unos cuantos escaños al PSOE, presumirán de una gran victoria. Y, con la inconsciencia tranquila, podrán subir a la tribuna del Parlamento a hacer estampas y llorar a gusto por los sufrimientos que las políticas de la derecha causan a los más vulnerables. Eso sí, todo lo que podrán hacer es llorar. Porque habremos perdido la posibilidad de condicionar las políticas de un PP en minoría. Eso es lo que ha hecho la autodenominada «verdadera izquierda» en Europa durante toda su historia. Tan puros como estériles.