Diario Sur

LA TRIBUNA

La Torre Seguí

Existe un refrán muy castizo que dice textualmente: «Si la envidia fuera tiña cuantos tiñosos habría». Pues este refrán viene que ni a propósito en el momento actual. Para muestra basta un botón. Y en este caso el botón, que más que botón es botonera, se denomina, o lo denomino, 'La Torre de Seguí'. Si señores, han leído bien, 'La Torre de Seguí', -como en su momento fue el 'Guggenheim de Gehry', que realizó y se conoce como el 'Guggenheim de Bilbao'-.

Pues algo parecido pasará, estoy tan seguro como que estoy escribiendo estas líneas con rabia y a la vez con humildad, pues yo suelo pagar la vileza con palomas. Soy contradictorio por naturaleza como nuestro insigne Unamuno, como agua y aceite que no se mezclan pero por separado son cojonudos, agua y el aceite.

Y ahora, el paciente y asombrado lector pensará que puñetas dice este arquitecto loco con tanto galimatías para, al final, hablar de la 'La Torre de Seguí'. Para empezar, conocí a Pepe Seguí, cuando yo llevaba 2 o 3 años en Málaga, ciudad en la que pretendo seguir hasta que me vistan de terno/ pijama de madera. Aquella ciudad nada tiene que ver con la que actualmente es nombrada una de las más amables de Europa según todas las encuestas de la industria turística que, no olvidemos, es nuestro único y especial maná, agraciados por nuestro Dios Sol. Por ello, no debemos olvidar el extraordinario plantel de arquitectos locales que han ayudado a ponernos en la vanguardia europea.

Pues bien. para no irme por peteneras, 'La Torre de Seguí' es un icono, será un icono, y si los Idus de la envidia lo permiten, dará que hablar en el mundo entero. Y en Málaga, estoy casi seguro, se la conocerá con el efecto Seguí. Al tiempo.

Pepe Seguí, Pepe para los amigos, es de las personas, o mejor dicho personajes, más brillantes que me he topado en mi vida. Y, afortunadamente, mi vida es un poco larguita ya pues estoy en el umbral de los 80, casi ná! Y he conocido, por poner un ejemplo para que lo entienda el ciudadano de a pie, a Moneo, a Fernández Alba, mi maestro y, actualmente, íntimo amigo mío. ¡quién me lo iba a decir!...

A Loewe, sí, el de los bolsos y los perfumes, el apodado 'El tigre de Serrano'; a Suárez, duque de Suárez, primer presidente de nuestra democracia; A Carrillo, a Mingote, a Umbral, a Miura, y a Paco Peñalosa que nos dejó un 22 de agosto con un gran silencio de gato azul.

Cuando era un adolescente conocí a Ortega, Baroja, Benavente, al doctor Marañón, a Azorín y a un gran etcétera, que, en años de mocedades, si te los presentan, piensas que es el vecino del quinto pero un poco raro.

Pues bien, hace la friolera de 45 años me presentaron a Pepe. Ni siquiera sé quién fue. Si fue el maestro Alcántara, si fue Salva Moreno, si fue Willy, como conocíamos a Guillermo García Pascual que, por cierto, estando pasando un verano en Dallas me dijo una señora «este gallego conoce al que hizo Puerto Banus».

Pues bien, y para terminar y no abusar de términos arquitectónicos y urbanísticos que el lector de a pie se cansa y no entiende, 'La Torre de Seguí' es puntera, es señorial, es como en New York el edificio Chrysler o el Empire State, en Chicago las torres Willis, en Madrid las Torres Kio de Philip Johnson, un icono de la cultura neoyorkina junto con Warlhol y Rothko, y la ópera de Sidney o el cubo de Moneo.

Algún día a Málaga se la conocerá por 'La Torre de Seguí' y, como el Sebastián Elcano, pondrá la impronta en esta ciudad que se denomina Málaga. Málaga, la manquita, la de los tres huevos (la Equitativa), Málaga cuna de Torrijos, de Victoria Kent, Altolaguirre, Picasso, Zambrano, y del Maestro Alcántara.

En un futuro no muy lejano, cuando la línea del horizonte se junte con el infinito, Málaga y Seguí unirán para siempre su destino frente a la inmensidad mediterránea.

Epílogo

Gracias por su paciencia, amable lector y, adelante Pepe que, en menudo lío te has metido. Ya te advertí un buen día: «No seas tan brillante que estos van a por ti» pero, en este caso, han pinchado en hueso porque no le da jaque mate ni el Rey Pastor.

Pepe Seguí, Premio Nacional de Urbanismo, 'Pepe el del Premio', Pepe el de la Ciudad de la Justicia, Hotel Miramar, estadio de La Rosaleda, reordenación del río Guadalmedina, rehabilitación del Teatro Cervantes, rehabilitación del Banco de España y del edificio Félix Sáez.. como diría un amigo argentino, «Seguí, Pepe, seguí, a los boludos ni bola».