Diario Sur

VOLTAJE

Que no sea Trump, por favor

Ayer dio por terminado el último de los tres tensos debates que han mantenido los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos y que han supuesto un auténtico lupanar de barbaridades televisadas. Con la única complicidad del silencio, hemos visto cómo Trump llamaba 'asquerosa' a Hillary, la amenazaba con mandarla a la cárcel si él llegaba a presidente o insinuaba en un mitin que acudía 'drogada' al plató. El terror, por su parte, inunda las encuestas. Si en EE UU votaran sólo los hombres, Trump ganaría con cierta comodidad. De sus horribles labios apretados han salido atrocidades que sólo le han hecho ganar más votos, desde una misoginia despreciable hasta ideas tan locas como construir un muro en la frontera con México (¡y que lo paguen los mexicanos!), flexibilizar el acceso a las armas o prohibir la entrada a su país a cualquier ciudadano musulmán. Como él mismo dijo en una ocasión con esos aires de fanfarrón absurdo, podría ir por la Quinta Avenida dando tiros y no perdería votos.

Así que no es ninguna broma: Trump puede ganar las elecciones. Las consecuencias serán indecibles, mortales de necesidad. Su candidatura se nutre del desencanto hacia la clase política que está representada al detalle por Hillary Clinton. Es ese mismo resentimiento mezclado con un populismo barato que aupó en su momento a los 'nuevos partidos' en Europa de todo tipo de signos, desde el Frente Nacional hasta Podemos. Las posibilidades de que gane Trump, que en el inglés de Cambridge significa 'pedo', son dolorosamente altas y el resultado, por más raro que nos parezca, es totalmente impredecible, hasta el punto de que ninguno de los dos tiene asegurado el voto de su propio partido. Los demócratas que apoyaron a Sanders odian a Hillary y pueden decantarse por un tercer candidato, y la relación entre Trump y el Partido Republicano es circunstancial. Este empresario que presume de que no pagar impuestos le hace más inteligente se definía como demócrata hace tan sólo un par de años.

Pero es que, como escribió el director de este periódico en un artículo reciente, el martes, 8 de noviembre, los americanos tendrán que elegir entre lo malo y lo peor. Muchos analistas lamentan que la prensa europea haya contagiado de bondad a Clinton, cuya etapa como secretaria de Estado fue una de las más trastornadas y violentas que se recuerdan. Responsable última de la guerra de Libia y de encrudecer todos los conflictos en los que ha metido su cardado, lleva 30 años preparándose para ser la primera presidenta de Estados Unidos y se le notan las ganas de utilizar toda su maquinaria militar para rediseñar el mundo. Lo peor de todo es que ambos candidatos son igual de válidos para llevarnos a un caos mundial, incluso a una guerra. Trump hace buena a una rata, pero con su victoria el mundo se convertiría en un lugar mucho más indecente.