Diario Sur

LA TRIBUNA

Razones y cerrazones

Vaya por delante que tomo prestado el título de un artículo publicado en estas páginas de Diario SUR por Pedro Aparicio, alcalde socialista de la ciudad de Málaga, que cultivó con pasión el articulismo. Recordaba el político y médico humanista las palabras que Willy Brant pronunció ante el congreso de su partido en la nominación como candidato a la Cancillería Federal: «No actuaré como ejecutor de la voluntad del partido sino que, bajo mi única responsabilidad, tomaré las decisiones que crea mejores para todo el pueblo alemán». Nadie pondría en duda el compromiso con los ideales socialistas de un hombre que proclamó en ese mismo momento que actuaría bajo el dictado de su conciencia. No habló Brant de convicciones, pero sí del interés general del pueblo alemán. Pedro Aparicio reconoce que «al enfrentarse a distintas opciones debe prevalecer la más próxima al sentido común, al interés público y a las ideas de la mayoría». Aprovecho para invitar a la lectura de ese artículo por contener las justas reflexiones para abordar un debate como el que estamos viviendo en el PSOE.

Son muchas las opiniones sobre la situación que atraviesa un partido necesario para el presente y futuro de España. Hoy quiero exponer mi postura como militante socialista y miembro del comité federal del PSOE. A lo largo de estos años siempre me he colocado frente al Partido Popular, el adversario natural del PSOE, pero sobre todo de los ideales que defiendo de libertad, igualdad y justicia. No ha sido una oposición únicamente partidista. Ha sido una posición ideológica. Reconozco que con dureza, lo que me ha podido granjear cierta fama de rocoso y un perfil alejado de esa mesura que otros sí han exhibido. Nadie puede dudar de que me he enfrentado al adversario. Por ello es evidente que defender una abstención del PSOE para desbloquear la situación parlamentaria española y evitar así unas terceras elecciones o unas cuartas, pues los resultados nos podrían conducir a una espiral de comicios de consecuencias irreparables para la democracia española, ha sido producto de una reflexión personal para superar contradicciones y cerrazones. Siguiendo a Pedro Aparicio, ha sido fruto de ordenar las prioridades, sin atender a posiciones simplistas y pasionales, estas últimas más justificables y comprensibles que las primeras.

Una disfunción constitucional nos ha llevado a un callejón sin salida. Este bloqueo institucional es impensable en un ayuntamiento, ya que si no hay mayoría absoluta en las votaciones para elegir alcalde se activa el principio de la lista más votada. En el caso del Congreso no es así. En una futura reforma constitucional esta cuestión podría quedar resuelta. Pero a día de hoy, no. Sin entrar en las razones que han convertido al PSOE en el centro de todas las miradas para desbloquear esta situación (no son exclusivamente los resultados electorales), defiendo que actuemos responsablemente por el interés general del país y éste pasa por evitar unas terceras elecciones que serían la constatación del fracaso de la política. Un gobierno alternativo, de corte transversal, entre las fuerzas políticas de Ciudadanos, Podemos y PSOE es imposible por el veto mutuo de los dos primeros. Y fue imposible cuando Podemos votó en contra de la investidura de un presidente socialista. El partido de Pablo Iglesias, hoy más que nunca tirado al monte, ha querido empujar al PSOE a los brazos de los independentistas de izquierda y derecha, unos cantos de sirena basados en una falsedad: es posible un gobierno de izquierda. No hay mayoría de izquierdas en el Parlamento y un Ejecutivo sustentado en una mayoría parlamentaria de independentistas y el centroderecha nacionalista es un todo menos un gobierno de izquierdas.

Defiendo la abstención porque es preferible que unas elecciones que alumbrarían un gobierno más fuerte del Partido Popular. Es preferible una abstención que apoyar un gobierno que su hoja de ruta hubiera sido la convocatoria inmediata de un referéndum en Cataluña. Defiendo la abstención porque un gobierno débil del PP es mejor que uno fuerte y un PSOE liderando la oposición hoy es mejor que una oposición liderada por Podemos mañana. Y porque un país con gobierno es mejor que un país bloqueado. Póngase en el orden que cada cual quiera.

No se traicionan los ideales del PSOE cuando se actúa conforme a los intereses generales de España y se evita un experimento político de un gobierno de izquierdas y derechas nacionalistas. Eso no está en el ADN del PSOE. Llevar al PSOE al terreno más alejado de la socialdemocracia, de los principios de igualdad, único antídoto contra el nacionalismo -de campanario-, nos ha debilitado. Ese riesgo es mayor que una abstención y más contrario a los ideales socialistas que actuar conforme a los intereses generales del país.

Si no es posible el gobierno a tres, un gobierno reformista y de cambio, la responsabilidad dicta dejar gobernar a la lista más votada. Permitir que la legislatura comience ahora abre un nuevo horizonte político mejor que unas terceras elecciones que, como asumen quienes las prefieren, nos hundirían como opción política. Es preferible ser relevante hoy en una oposición legítima que ser comparsa de Podemos, que quiere destruir y sustituir al PSOE.

Un no a Rajoy es lo que desea Rajoy para ir a nuevas elecciones que fortalecerían su mayoría parlamentaria, hundiría al PSOE como opción moderada de la izquierda y meterían al país en una polarización política destructiva a izquierda y derecha. Respeto a los compañeros y compañeras que defienden esa posición, pero no puedo compartirla, por más que haya dedicado todo mi esfuerzo diario a vencer al PP.

Una abstención no invalida nuestra oposición. Los diputados socialistas van a defender los ideales del PSOE y sus propuestas. De eso estoy seguro. Y como representantes de la ciudadanía en su conjunto, no solo de nuestros votantes, evitarán que el bloqueo se resuelva obligando a nuevas votaciones. Será una legislatura con un gobierno débil y una oposición con capacidad de consensuar medidas, evitar imposiciones y derogar leyes como la reforma laboral o la ley de educación.

No debemos confundir la razón con la cerrazón ni primar la convicción a la responsabilidad. Siempre que el PSOE ha actuado con responsabilidad para la mayoría, ésta ha reconocido ese esfuerzo. Será un duro camino, como han sido los 137 años de historia del PSOE.