Diario Sur

DESDE EL SUR

Síntomas de mala Salud

Alguien en la Junta debería tomar nota de verdad. La sanidad se ha convertido en la principal queja de los andaluces. Por algo será. Que se dejen de repetir el mantra de que la sanidad aquí es la mejor de España porque es sencillamente falso, aunque esto no quiera decir tampoco que sea la peor. La manifestación de Granada debe abrirles los ojos. Que salgan a la calle a manifestarse 40.000 personas es algo inaudito. Y lo que es peor, muy grave, porque el motivo es la mala asistencia sanitaria. Spiriman, el médico de urgencias convocante de la protesta, tuvo mucho que ver por su capacidad para movilizar a la gente. Hay que poner en valor la valentía de este profesional, pues por lo general ningún empleado público se complica la vida, porque aunque son funcionarios a los que no se les puede remover, saben que le pueden complicar la vida de alguna que otra manera. Hay muchos casos así en el ámbito sanitario. Pero tampoco se debe perder de vista que había un malestar latente que ha terminado por saltar con la chispa que ha prendido este galeno. Y ese es el peligro al que se puede enfrentar la Consejería de Salud: que la mecha vaya prendiendo en las provincias donde hay un profundo cabreo con la atención sanitaria. Málaga, que acumula los peores datos en las listas de espera quirúrgica y de pruebas diagnósticas, es una de ellas. A la gente ya no se le engaña tan fácilmente. En Granada se ha inaugurado recientemente el llamado Parque Tecnológico de la Salud, algo parecido a lo iba a ser aquí el macrohospital, aquel gol que nos metió por toda la escuadra la entonces consejera de Salud María Jesús Montero a los malagueños. El problema es que con la nueva infraestructura, que tiene, eso sí, un nombre muy rimbombante, no se ha aumentado el servicio, sino que se ha dividido. O sea, que es más incómodo para los usuarios. Es como si en Málaga se abriera un tercer hospital a costa de cerrar parte de Carlos Haya o el Clínico. Eso sería hacer un pan con unas tortas. Hay base para que se pueda producir un efecto contagio, porque estas cosas son así. Basta además con que se manifiesten los médicos, enfermeros y auxiliares sanitarios con sus familias para convertir en un dolor de cabeza crónico para la Administración la situación de la atención hospitalaria. Susana Díaz no puede despistarse más de la cuenta con sus cuitas en Madrid, entre otras cosas, porque lo que en principio quería que fueran sus credenciales se pueden convertir en la peor mancha de su hoja de servicios. La sanidad emite síntomas inequívocos de que padece un problema. La presidenta de la Junta debe intervenir. Y por urgencias...