Diario Sur

EL ALFÉIZAR

Manuel es santo

Manuel González García (1877-1940) ha sido canonizado. Es santo. Quien fuese obispo de Málaga y Palencia, sevillano de cuna, ha sido elevado a los altares. Ya es modelo de vida para los católicos y todos aquellos que valoren la labor espiritual y social de este hombre que se refugió en Gibraltar en 1931. El nuevo santo español, conocido como el obispo de los sagrarios abandonados, impulsó la construcción del Seminario Diocesano Conciliar de Málaga. Al estilo andaluz. Este hombre fue amante de la eucaristía y del pueblo. Buscó la manera de que sus curas fueran pastores buenos, dispuestos a dar la vida por las ovejas. Quién le iba a decir a este hombre que Francisco, obispo de Roma, que al comienzo de su pontificado pidió a los sacerdotes oler a oveja, años más tarde lo iba a canonizar.

Manuel González, un santo que fue obispo, sacerdote y seglar, fusiona con éxito su deseo de atender a la ciudadanía dotándole de herramientas espirituales y culturales. Algo de plena actualidad. Su canonización es una extraordinaria oportunidad para releer su vida y obra. Excelente pedagogo supo enseñar. Extraordinario pastor supo acompañar también en la cercanía y en la distancia. Formidable hombre de Dios supo transmitir su pasión por el Evangelio. Pidió a los sacerdotes que fueran Evangelios vivos con pies de cura.

Al nuevo santo fundador de las Marías de los Sagrarios, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y la Unión Eucarística Reparadora se le quiere en Málaga. Y en otros puntos de la geografía porque fue maestro espiritual de muchos. Y lo hizo dando ejemplo. Como mejor supo. Porque una vida sin ejemplo se convierte en una vida de figurante. Buscó denodadamente unir espiritualidad y atención a los más pobres. Sin ir muy lejos, cuando fue nombrado obispo en 1915, Manuel González organizó una comida de fiesta para tres mil niños pobres, en la que él servía a la mesa. De hecho, el ahora santo, se distinguió siempre por una gran capacidad de organizar la ayuda a personas necesitadas: ayudó a muchas familias durante la hambruna de 1913, cuando las inundaciones paralizaban la agricultura, la huelga cerraba las minas y el conflicto pesquero con Portugal obligaba a amarrar la flota. Todo un ejemplo que más allá de la adhesión de cada cual a la Iglesia Católica es revulsivo para la actualidad cuando sigue subiendo imparable la cifra de pobres y analfabetos religiosos en Andalucía.